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OPINIÓN: Mejorando la eficacia y la equidad del financiamiento para la adaptación

El clima está cambiando y se requiere adaptación para reducir nuestra vulnerabilidad a los impactos negativos. Para los países del mundo en desarrollo donde los presupuestos nacionales ya están limitados, los flujos internacionales de financiación para la adaptación de los donantes son fundamentales para apoyar las acciones de adaptación. Pero, ¿hay margen para mejorar la eficacia del financiamiento de la adaptación para reducir la vulnerabilidad?

Un nuevo artículo en la revista World Development revisó 34 proyectos y más de 200 artículos, y se basó en la experiencia colectiva del equipo de 20 autores, y encontró que hay margen para que podamos mejorar la reducción de la vulnerabilidad si repensamos cómo hacemos las intervenciones de adaptación.

Los autores Katharine Vincent (Kulima Integrated Development Solutions), Siri Eriksen (Norwegian University of Life Sciences), Lisa Schipper (University of Oxford) y Morgan Scoville-Simonds (University of Oslo) describen los resultados claves.

La situación mundial de la adaptación financiera

Reconociendo la necesidad de adaptación y la desigualdad en las contribuciones históricas a las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el cambio climático, el Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático -el marco político internacional para responder al riesgo climático- consagra la adaptación financiera.

El Acuerdo de Copenhague, firmado en 2009, incluía el objetivo de conseguir 100.000 millones de dólares anuales para la adaptación financiera en 2020.  El incumplimiento de este compromiso ha suscitado críticas. El recién nombrado enviado de EE.UU. para el clima, John Kerry, anunció en la Cumbre de Adaptación Climática de esta semana que, tras su reincorporación al Acuerdo de París, EE.UU. “mejorará significativamente el flujo de financiación” para permitir la adaptación y la resiliencia.

Por supuesto, el aumento de la financiación es bienvenida dada la magnitud de las necesidades de adaptación. El último informe sobre la brecha de adaptación señala que los costes actuales de adaptación en los países en desarrollo aumentarán a 140.000-300.000 millones de dólares en 2030, y a 280.000-500.000 millones en 2050. Pero también requiere que hagamos un balance de la eficacia de las intervenciones de adaptación hasta la fecha, para que podamos asegurarnos de que ese dinero está llegando a los más vulnerables. 

 

Reforzando, redistribuyendo o creando nuevas fuentes de vulnerabilidad

Aunque los proyectos financiados para la adaptación suelen evaluarse de forma aislada, lo que falta es una perspectiva más sistemática que examine distintos ejemplos para extraer las lecciones aprendidas. Al hacerlo, el documento concluye que algunas intervenciones refuerzan, redistribuyen o crean nuevas fuentes de vulnerabilidad de forma inadvertida. En última instancia, esta falta de atención a la equidad acaba reforzando y aumentando la desigualdad social, y suele exacerbar las divisiones existentes, por ejemplo, en función del género o la etnia

Entre las razones que explican estos resultados de mala adaptación  se encuentran la escasa comprensión del contexto de la vulnerabilidad, la participación desigual de las partes interesadas tanto en el diseño como en la ejecución y la falta de compromiso crítico con la definición del “éxito de la adaptación”

 

Confianza en  los proyectos 

Por supuesto que hay buenas intenciones. Para que se financien los proyectos de adaptación, las propuestas suelen tener que mostrar su alineación con las prioridades nacionales, incluir una evaluación de la vulnerabilidad y comprometerse con la participación y la inclusión, incluso de las mujeres.

Pero pensar a escala de proyecto tiene sus limitaciones. Definir un ámbito geográfico puede hacer que no se tengan en cuenta los efectos externos. Embalsar un río para permitir el riego en un pueblo puede aumentar la vulnerabilidad de los que se encuentran aguas abajo.

Normalmente se dispone de un periodo de tiempo muy limitado para evaluar la vulnerabilidad, quizás sólo un par de días en los que el equipo podría consultar con la comunidad objetivo. Dado que la vulnerabilidad de cada persona será diferente en función de su sexo, su fuente de ingresos y su nivel de educación (por nombrar algunos), sólo se dispone de tiempo para rascar la superficie y a menudo hay que hacer generalizaciones.

La escasez de tiempo también significa que puede ser fácil dar prioridad a la conveniencia, utilizando a las élites locales (por ejemplo, los líderes de la comunidad) como puntos de entrada en las comunidades, y tal vez pasando por alto el esfuerzo adicional que se requiere para buscar a los miembros más marginados que son menos visibles, pero que igualmente deben tener sus voces en la identificación de las necesidades y prioridades. Cuando esto ocurre, los proyectos resultantes tampoco son equitativos y contribuyen a reforzar la desigualdad.

Cuando los proyectos llegan a su fin, siempre se evalúan. Sin embargo, estas evaluaciones pueden dar prioridad a la comprobación de si han hecho lo que dijeron que harían, y si lo han hecho bien. Esto significa que no buscarán activamente los efectos externos y quiénes no fueron incluidos y cómo han cambiado sus niveles de vulnerabilidad. Y lo que es más importante, la evaluación suele consumir la última parte del presupuesto del proyecto, sin dejar recursos  para volver un año más tarde y comprobar la sostenibilidad de la intervención, o considerar las lecciones más generales que serían útiles para la eficacia y la equidad de las actividades.

 

 

 

Garantizar la coordinación de los proyectos a vista de pájaro

Es fundamental reforzar la coordinación a nivel nacional y el intercambio de lecciones. Para superar el riesgo de redistribución de la vulnerabilidad y garantizar un intercambio eficaz de lecciones, es necesario tener una visión de conjunto del panorama de los proyectos. Esto requiere algún tipo de coordinación de alto nivel. El ministerio nacional competente en materia de cambio climático y adaptación podría desempeñar esta función, como un enfoque programático, pero que abarque todo el país. 

Mantener un repositorio de resultados y estudios, cultivar conversaciones para identificar y reflexionar sobre las lecciones, y garantizar que los nuevos proyectos se diseñen teniendo en cuenta estas lecciones superaría algunos de los riesgos de un enfoque de proyecto fragmentado. Esta coordinación también facilitaría la comprobación de que la distribución geográfica de los proyectos en su conjunto coincide con la distribución geográfica de la vulnerabilidad, lo que pondría de manifiesto las prioridades de las nuevas intervenciones para reducir la vulnerabilidad.

 

Participación de los investigadores en el diseño, ejecución y evaluación de los proyectos de adaptación 

La participación de los investigadores en los proyectos de adaptación -antes, durante y después de la ejecución- aprovecha sus profundos conocimientos y su capacidad para plantear una mayor variedad de preguntas. El personal encargado de la ejecución de los proyectos se ve a menudo obligado a trabajar con rapidez y a centrarse en el despliegue de las actividades previstas, lo que le deja poco tiempo para el trabajo más profundo, reflexivo y crítico en el que destacan los investigadores. 

Existen comunidades sólidas y crecientes de investigadores de la adaptación. Sin embargo, trabajan en gran medida en paralelo a los profesionales de la adaptación y, sobre todo, a los que diseñan y ejecutan los proyectos. La creación de asociaciones entre ambos permitiría mejorar el flujo de información pertinente. Los investigadores podrían aportar sus conocimientos a una evaluación de la vulnerabilidad más profunda e inclusiva, y contribuir al aprendizaje crítico de los proyectos que pueden tener lugar fuera de la duración real del proyecto, aportando las tan necesarias percepciones a largo plazo.

Por supuesto, ambas opciones exigen la existencia de mecanismos institucionales y de financiación adecuados. Los principales proveedores de financiación para la adaptación, ya sean fondos multilaterales como el Fondo Verde para el Clima o donantes bilaterales, como el Reino Unido, Noruega y Alemania, podrían modificar el diseño de las propuestas y los criterios de evaluación para promover los incentivos necesarios para que esto ocurra, y considerar un apoyo adicional para permitir la coordinación a nivel nacional que aumenta la eficacia de sus inversiones.   

Las necesidades de adaptación son significativas y continuarán en el futuro. Con estas nuevas conclusiones que ponen de relieve las oportunidades de mejora en los proyectos de adaptación que reducen la vulnerabilidad, es fundamental que hagamos los cambios necesarios para mejorar la eficacia y la equidad.

Imágenes: cortesia de la collection de fotos del Banco Mundial  

El artículo original fué publicado el 03 de Febrero en 2021 en inglés  en cdkn.org

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