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OPINIÓN: Género, Ruralidad y Cambio Climático en Colombia

Las poblaciones rurales de América Latina ya están experimentando los  impactos asociados a los cambios del clima como sequías, heladas, inundaciones y altas temperaturas. ¿Cómo hacer que su voz sea escuchada? A través del documental Retratos del Campo,  la organización CLIMALAB encontró una forma.

Del curso Comunicando el cambio climático de manera efectiva”, organizado por el Centro de Conocimiento sobre Cambio Climático de América Latina (Clikhub), entre mayo y junio del 2020, surgieron más de cien interesantes proyectos de comunicación sobre cambio climático en América Latina. Cinco de ellos fueron seleccionados para ser apoyados por CDKN/FFLA a través de un fondo semilla. Estos proyectos están siendo implementados en Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Perú.  Uno de esos proyectos fueé  Retratos del territorio: género, cambio climático y ruralidad, que se llevó a cabo en Toca, municipio ubicado en Boyacá (Colombia).

El proyecto, liderado por la organización Climalab, buscó visibilizar los impactos asociados a los cambios del clima como sequías, heladas, inundaciones y altas temperaturas, que son cada vez más frecuentes e intensos en todo el país y afectan en mayor medida a los territorios y poblaciones más vulnerables. Como indica Johanna Torres, coordinadora del proyecto “entre las comunidades que son más afectadas por el cambio climático, se destaca el campesinado y en especial, las mujeres quienes, por los roles que asumen en sus territorios, sufren impactos diferenciales, pero también son agentes clave para afrontar la crisis climática. Por eso, con este proyecto buscamos destacar estos vínculos”.

El  19 de noviembre de 2020  se realizó  el lanzamiento virtual del documental “Retratos del Campo: Mujeres de Tierra y Agua” que resalta la relación existente entre el cambio climático, el género y la ruralidad a través de los relatos de personas de diferentes edades del campo colombiano. Esta propuesta audiovisual presenta los testimonios de 6 mujeres y 2 hombres campesinos de distintas edades y roles a nivel social, que buscó  evidenciar los contrastes de la forma cómo viven y se enfrentan diariamente a los retos que supone su entorno rural, relacionados con la producción agrícola y la economía local. 

El documental  se concibió como una oportunidad para resaltar la importancia de que no sólo en Colombia sino en Latinoamérica se aborde con mayor sentido de urgencia el cambio climático y sus impactos, su vínculo con los asuntos de género y por supuesto, la necesidad de proteger al campo y a sus habitantes. “Buscamos enviar un mensaje claro a través de relatos de personas reales a la ciudadanía -especialmente a quienes vivimos en zonas urbanas-, al gobierno nacional y a las demás entidades, para que entiendan la importancia del campo para garantizar el abastecimiento de alimentos, para que comprendan el papel vital de las mujeres y también, para que se dé respuesta a la necesidad de integrar el enfoque de género en las estrategias para enfrentar el cambio climático en el país” señala María Alejandra Téllez, Directora Ejecutiva de la organización.

 

Sin el campo no se puede vivir

Según el Ministerio de Agricultura de Colombia, el campesinado provee el 83.5% de los alimentos que se consumen en el país. Por su parte, las mujeres producen entre el 60 y el 80% de los alimentos de los países en desarrollo y la mitad de los de todo el mundo, por lo que desempeñan un papel crucial en la producción de alimentos. Sin embargo, según la revista Portafolio sólo en febrero de 2020 en el departamento de Boyacá un aproximado de 48.000 hectáreas de pastizales y cultivos fueron arrasadas por las heladas, afectando a 14.555 familias campesinas de 59 municipios. Dichas heladas son comunes en algunas épocas del año, pero se han vuelto más intensas y frecuentes en los últimos tiempos, a causa del cambio climático acelerado.

Los testimonios de los personajes narran cómo los impactos del cambio climático afectan en mayor medida a las poblaciones más vulnerables, como las comunidades rurales de escasos recursos, las cuales a pesar de ser quienes  producen los alimentos que consumimos a diario, tienen que afrontar pérdidas en la producción, desabastecimiento de agua y afectaciones a la salud.  La crisis por la cual atraviesa el contexto rural colombiano está relacionado con la producción y comercialización de los productos del territorio. Como cuenta Emilse Valiente Chitivo  el el documental ¨En la ciudad día tras día las personas consumen la papa, la leche, las frutas, las hortalizas que se producen en el campo. La humanidad no vive sin el campo, porque el campo es el que produce los alimentos que le dan bienestar al cuerpo y le da vitalidad”. 

Los testimonios recogidos evidencian la necesidad de un mayor apoyo técnico y apalancamiento financiero para hacer de la producción rural una labor más rentable y sostenible.  Por otra parte, las malas prácticas agrícolas, a las cuales muchas veces deben acudir los y las campesinos/as por falta de asesoramiento o apoyo financiero, han generado consecuencias irreversibles como la erosión de los suelos, la ampliación de la frontera agrícola, la extinción de especies nativas, el aumento de migración de comunidades rurales, entre muchas otras consecuencias conectadas a la alteración de ecosistemas. 

 

La importancia de las mujeres en la vida rural

En este proyecto se hizo una apuesta por amplificar la voz de las mujeres rurales a partir de este producto audiovisual, focalizando el eje de empoderamiento y resignificación de roles en una escala local. De esta manera, se puso de manifiesto la realidad del contexto rural colombiano a través de la voz de mujeres y hombres campesinas/os dedicados al uso y conocimiento de la tierra.

Así mismo, se profundizó en la división del trabajo en relación con el género, articulado de igual forma con las distintas etapas generacionales que se ubican en el territorio. Fue así cómo se visibilizó la contundente influencia de las nuevas generaciones y hay una clara tendencia de desapego y transformación de las lógicas tradicionales hacia tendencias contemporáneas dentro de las cuales se acentúa una perspectiva de trabajo rural igualitario. Sin embargo, la división de responsabilidades domésticas mantiene relegada a la mujer, tal y como describen los testimonios. Esta dinámica genera distintas posturas que en ocasiones generan fricción frente al cambio y por el otro lado entusiasmo al ver una transición igualitaria y necesaria que ha dado paso a la participación e incluso al liderazgo de actividades rurales consideradas antiguamente de exclusividad masculina, lo cual genera un impacto positivo en la economía familiar y la producción local. 

 

Los retratos

El documental Retratos del campo cuenta con  testimonios de 6 mujeres y 2 hombres campesinos de distintas edades y roles a nivel social, que buscó  evidenciar los contrastes de la forma cómo viven y se enfrentan diariamente a los retos que supone su entorno rural, relacionados con la producción agrícola y la economía local. 

A partir del trabajo de campo y la recolección de información de los variados matices de dicho contexto, se registraron las vivencias de los actores y su relación con la acción climática desde la ruralidad. Esta propuesta destaca el rol de la mujer en la producción de alimentos, la conservación del entorno y el trabajo doméstico entre muchas otras actividades relegadas al sujeto femenino, dando cuenta también de cómo este grupo poblacional recibe un impacto diferenciado y proporcionalmente mayor debido a los efectos del cambio climático. 

 

Vamos a conocer a los seis protagonistas principales:

 

Hely Camargo, un campesino de 72 años apasionado por el fútbol y por preservar las tradiciones de Toca, su territorio natal. Ha dedicado gran parte de su vida al campo, especialmente al cultivo de tomate y a la ganadería. Él junto a su esposa, han procurado ceder sus conocimientos y prácticas a sus hijas en quienes consideran está el futuro del campo. Hely afirma que su territorio se está perdiendo por muchas razones. Una de ellas, es el descuido de los páramos y la contaminación de los cuerpos de agua. Su preocupación lo ha llevado a trabajar arduamente para reducir los impactos del cambio climático.

 

Alejandra  Dueñas es una joven de 22 años, que nació en Tunja (Boyacá), una ciudad muy reconocida a nivel nacional por su amplia tradición campesina. Como profesional en Negocios Internacionales decide aportar a mejorar la difícil situación de su territorio, que hace décadas se ha visto afectado por la falta de apoyo estatal y las desigualdades sociales, que impactan en gran media a la mujer y los diversos retos en torno a la producción de alimentos. Esto la lleva junto a su familia a desarrollar un emprendimiento que busca conectar al campo con la ciudad, al impulsar productos a un precio justo y de esta forma, dignificar el trabajo rural. Alejandra encuentra en el estudio un amplio espectro de oportunidades y creeque la ciudad obtendrá mayor nivel de desarrollo si se conecta de forma equilibrada con el campo.

 

 

Luz Mari Montañez
Una mujer líder en su comunidad, quien a sus 35 años, trabaja desde su rol como gestora social para motivar y empoderar a otras mujeres, con el fin de que a través de su trabajo en el campo puedan aportar a la economía familiar e impulsar el desarrollo de su comunidad, tiene una visión muy propia del campo, destaca su belleza y las virtudes de la mujer campesina. Para ella la transmisión de saberes a las nuevas generaciones es de vital importancia, considera que la educación es esencial para permitir su continuidad, ya que a través de esta herramienta se puede generar ese sentido de pertenencia y amor por el campo en niños y jóvenes.

 

Ana Ochoa es una mujer campesina de 65 años, dedicada a la siembra, la cocina tradicional y las artes manuales. Ella trabaja junto a su esposo y sus dos hijas en las labores del campo. Ella se ha encargado de transmitir los saberes ancestrales a sus hijos, enseñándoles el valor del agua, el campo y sus frutos. Le preocupa la cantidad de plástico que día a día llega por el río cercano a su casa, pues es este con el que riega sus cultivos y del cual se alimenta.Cree que debería existir una distribución más justa del agua y apoya la preservación de los páramos por su gran aporte a la ciudad y a la producción alimentos. 

 

Segundo Ochoa
Alcalde de Toca, Boyaca, con 50 años de edad, conocedor de los grandes aportes que provee el campo a la ciudad y la importancia que tiene el cuidado de los recursos naturales, en especial el agua, como elemento fundamental para la producción de alimentos. Desde su rol considera que existen grandes retos en el sector agrícola, el cual se ve seriamente afectado por el cambio climático y la falta de apoyo estatal a los pequeños productores, al momento de producir y comercializar sus
productos en los grandes mercados, debido a la ausencia de una política de precios establecida.

 

Rebeca Pita es una mujer campesina de 75 años quien junto a sus hermanos se ha dedicado a la labor campesina en Toca, Boyacá desde que era niña. Ha sido testigo de los cambios del clima en su territorio y asegura que se han hecho cada vez más constantes, lo cual ha llegado a afectar el cultivo y la cosecha de la mayoría de alimentos en su territorio. Cree que la tala de árboles y el impacto en los páramos de su región han afectado fuertemente la vida rural. Ella representa la voz de aquellos campesinos que conservan ese legado propio del campo y que hoy han tenido que buscar nuevas alternativas de vida, en medio de la escasez de recursos y la falta de oportunidades.

 

 

Emilse Valiente  tiene 40 años y es Guardaparamos voluntaria. Trabaja en las labores del campo en relación con la siembra, lo hace junto a sus tres hijos y su esposo. Es lideresa en temas de conservación. Conoce el territorio, su riqueza y capacidad de renovarse cada día.

 

 

El Impacto

Por medio del documental se logró visibilizar el impacto del cambio climático sobre las prácticas rurales en Colombia, específicamente en la región de Boyacá. Con esto se profundizó en la innegable contribución del campo a la seguridad alimentaria del país a través de un enfoque de género en el cual se reconoce la contribución del rol femenino al cuidado tanto doméstico como comunitario, no como una práctica inherente a la mujer sino como un compromiso social con un destacado impacto social. 

La articulación de distintas voces femeninas y sus vivencias particulares le apuestan a resaltar y a reconocer la labor del campo como uno de los pilares más significativos en la cadena de producción de alimentos junto con su importante rol en la configuración de una seguridad alimentaria justa y más responsable con el planeta; adicionalmente se expone la importancia de conservar y transmitir los saberes ancestrales a las nuevas generaciones con una intención de sensibilizar y generar interés por un tema crucial y común a todos. 

Adicionalmente, se buscó darle visibilidad al hombre rural como parte esencial del desarrollo y se consiguió mostrar como su forma de trabajo y de producción se complementa equilibradamente con el rol femenino, impulsando así las distintas y complejas dinámicas que se gestan en el campo. Con este contraste se evidenció parcialmente la manera diferenciada en la que los efectos del cambio climático afectan a la mujer en mayor medida debido a las imposiciones socioculturales del contexto y al costo emocional que supone su rol. 

Finalmente, este documental consigue poner de presente los efectos del cambio climático sobre las prácticas rurales en Colombia y como cada vez esto tiene un mayor impacto en las comunidades rurales. Así mismo se destaca el papel crucial del campesinado en la contribución de la seguridad alimentaria desde el campo hacia el resto del país integrando transversalmente la perspectiva de género. 

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