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OPINIÓN: Montañas, centinelas del cambio climático

Katiana Murillo de Latinclima analiza la importancia de los ecosistemas de montaña  para la poblacion mundial y en especial para América Latina. También reflexiona como el cambio climático está afectando a glaciares y páramos y  la provisión de recursos hídricos.

Las regiones montañosas del mundo son el lugar de nacimiento de los ríos más importantes del planeta, cubren el 27% de la superficie de la Tierra, son el hogar de más de mil millones de personas y un cuarto de la biodiversidad terrestre, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Asimismo, aportan entre 60%-80% del agua fresca a nivel global para consumo humano, sustentan actividades vitales como la producción de alimentos y de energía, regulan el clima, sirven de barrera ante eventos extremos como tormentas y poseen un valor cultural, espiritual y recreativo incalculable.

Sin embargo, son muy sensibles a amenazas y prácticas insostenibles como la tala, los incendios forestales, la degradación de los suelos y el cambio climático. En este sentido, se dice que las montañas son como centinelas, ya que permiten conocer de primera mano los impactos del calentamiento global. Como este se incrementa con la altitud, sus efectos son más grandes también.

Uno de cada dos habitantes de las montañas sufre, además, de hambre y desnutrición, según la Alianza para las Montañas, y el 90% de los habitantes de estos ecosistemas se encuentra en países en desarrollo.

Los bosques de montaña, especialmente en los trópicos, son considerados particularmente vulnerables a los efectos del cambio climático. La pérdida y degradación de estos bosques a causa del cambio climático tendría graves impactos en su biodiversidad y los servicios ecosistémicos que actualmente brindan a millones de personas.

De acuerdo con Giorgio Vacchiano, experto de la Universidad de Milán, bosques como los del Amazonas estarán en el 2030 llegando a su capacidad máxima para secuestrar carbono debido a la deforestación y los incendios forestales, además de que más árboles morirán y emitirán CO2 a la atmósfera en vez de secuestrarlo. La sequía también hace que las raíces sean más débiles para capturar nutrientes y agua.

Además, los bosques de la Amazonia están perdiendo altura, ya que los árboles más altos mueren antes, por lo que no solo se pierde capacidad de almacenamiento de carbono, sino también de albergar una mayor diversidad biológica, señala el experto. Las semillas también migran buscando mejores suelos y mejor temperatura, por lo que el bosque se desplaza.

La buena noticia con los trópicos es que representan la mejor región para plantar árboles, ya que la tierra absorbe más calor, por ser más oscura, y los árboles cumplen a cabalidad su tarea de captura de carbono.

Montañas son vitales en América Latina

Las montañas de América Latina en general, muchas de las cuales cuentan con extensos bosques, cubren un rango latitudinal que va desde México hasta Tierra del Fuego, tanto en zonas rurales como urbanas. Algunos sistemas albergan incluso poblaciones enormes, como es el caso de capitales como Bogotá, Quito y La Paz. Los climas que se encuentran en la región también son diversos: áridos, templados y tropicales.

Las montañas de la región juegan, además, un rol fundamental en la generación de recursos hídricos. Por ejemplo, de acuerdo con el Consorcio para el Desarrollo Sostenible de la Ecorregión Andina (CODESAN), el 65% de los ríos de los 7 países andinos, que equivale al 35% del total de ríos de América del Sur, tiene su origen en los Andes, lo que representa una cuarta parte de la escorrentía anual promedio de los principales ríos de estos países.

Especialmente en Los Andes del sur, donde la nieve es crítica para aportar de recurso hídrico a poblaciones de tierras bajas, el calentamiento global representa una gran amenaza. También, debido a los vaciamientos súbitos de lagos glaciales, los taludes y eventos extremos de precipitación o sequía, las avalanchas producto del derretimiento de glaciares, la pérdida de biodiversidad y de actividades turísticas asociadas a nieve y hielo, entre otros. En Bolivia, por ejemplo, la desaparición del glaciar Chacaltaya significó la pérdida de su único centro de esquí.

Un ecosistema único

El páramo, un ambiente único de los Andes Tropicales, tampoco escapa a esta situación. Este ecosistema, ubicado generalmente a más de 3000 metros sobre el nivel del mar y dominado por praderas y un mosaico amplio de humedales y turberas, retiene, filtra y distribuye agua a lagunas, ríos y cuerpos subterráneos. Debido a que los procesos de descomposición son prolongados gracias a las bajas temperaturas, son buenos para retener carbono.

En épocas precolombinas, integraron las rutas de comunicación de culturas como la Inca y pueden albergar hasta un 50% de especies endémicas o únicas de esos ecosistemas, según un estudio del Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI). Pero también están amenazados por la degradación y agotamiento de los suelos debido a actividades productivas, la reducción de fuentes hídricas y las altas temperaturas, que hace que las especies no tengan una altitud mayor adónde desplazarse para poder sobrevivir.

Según el IAI, el cambio climático en los Andes tropicales afectará a más de 40 millones de personas que dependen de los ecosistemas regionales como fuente de agua, alimentos y muchos otros bienes y servicios ambientales.

En favor de las montañas del mundo

Con el fin de promover un desarrollo sostenible y mejorar la calidad de vida en los ecosistemas de montaña en todo el mundo, fue creada en 2002 la Alianza para las Montañas, una coalición voluntaria de la Organización de las Naciones Unidas que tiene su Secretaría en la FAO, en Roma, y es financiada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia y la Oficina Federal Suiza para la Agricultura.

La Alianza cuenta con más de 400 miembros, de los cuales 60 son gobiernos. También forman parte organizaciones intergubernamentales, asociaciones de la sociedad civil y del sector privado a nivel global. Fue creada a partir de la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible de Johannesburgo, Sudáfrica, en el marco también del Año Internacional de las Montañas y sus miembros difunden conocimiento, intercambian experiencias y promueven el apoyo mutuo y la cooperación.

Todos los 11 de diciembre tienen lugar diversas actividades para concienciar sobre la importancia que tienen estos ecosistemas para el mundo. Para mayor información, haga clic aquí

Este artículo fué originalmente escrito por Katiana Murillo y publicado en LatinClima el 10 de Diciembre de 2020 aqui

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