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OPINION: Plásticos, del problema a la solución

María Gabriela Ensinck analiza el problema del plástico, haciendo foco en Argentina, y propone una solución concreta para abordarlo: los ecoladrillos.

 

Plásticos: un problema mundial

De todos los materiales que se descartan diariamente en el mundo, el plástico es uno de los más problemáticos al punto de que, en 2018, la Organización de Naciones Unidas (ONU) lanzó una alerta mundial por su presencia creciente en los océanos.

En Argentina se tiran a la basura 13 millones de botellas PET (polietileno teleftarato) por día, que, apiladas, permitirían construir un edificio de 57 pisos cada 24 horas. Y aunque son 100% reciclables, solo se recupera un 30%, esto según datos de Ecoplas, entidad conformada por investigadores y representantes de la industria, que promueve un uso sustentable del plástico.

Una botella PET arrojada a la basura tarda más de 150 años en degradarse. Pero si se la recupera y recicla, con ella se se pueden fabricar fibras textiles para confeccionar mantas, prendas de vestir, bolsos, alfombras, calzado, cuerdas, cepillos, escobas o nuevos envases. También hay experiencias en la fabricación de novedosos materiales como madera plástica para pisos y muebles de exterior, hormigón plástico para la construcción y envases reforzados para agroquímicos, entre otros.

Las ventajas de reciclar el plástico son múltiples, ya que un kilo de PET reciclado utiliza un 70% menos de energía (mayormente de origen fósil, ya que la matriz energética argentina aún se basa en un 80% en petróleo y gas) que un kilo de PET virgen. Además, se trata de una actividad que genera empleo.

Sin embargo, “la falta de separación de residuos en el hogar, una logística adecuada y una ʻley del envaseʼ, que obligue a las empresas a recuperar los mismos tras su consumo, hace que la industria recicladora del plástico trabaje en el país al 50% de su capacidad”, describe Verónica Ramos, directora Ejecutiva de Ecoplas.

La entidad realiza cursos y capacitaciones tanto en escuelas como en organizaciones comunitarias y cooperativas para enseñar a distinguir los diferentes tipos de plásticos y sus usos. También lanzó una serie de sellos, con forma de una mano con el pulgar hacia arriba y las siglas de los distintos tipos de plásticos (PET, PS y PVC, entre otros), para ayudar a su identificación y correcto reciclado, así como una guía con sus usos más frecuentes.

Bajo el paradigma de la economía circular, que busca aprovechar los recursos el mayor tiempo posible, recuperarlos al final de su vida útil para transformarlos y devolverlos al proceso productivo, los plásticos no se convierten jamás en residuos. “Los plásticos son 100% reciclables y pueden volver a ser materias primas, generando en esta cadena nuevo valor y empleos, tanto para su recuperación, diseño y nuevo procesamiento”, destaca Ramos.

El problema es su baja tasa de recuperación, el hecho de que muchas veces están mezclados, y en algunos casos no encuentran un mercado para su comercialización.

Reciclando Conciencia nació en 2010, a partir de una huelga municipal de cinco meses, en la que colapśo el sistema de recolección. “Los vecinos empezamos a separar y reciclar por necesidad, y finalmente vimos que era una salida laboral”, cuenta Carlos Méndez, presidente de la entidad. Foto: Cooperativa Reciclando Conciencia

Innovación con impacto ambiental y social

Cada verano, los turistas dejan en las playas no sólo algún ingreso económico en las localidades balnearias, sino montañas de plásticos y otros materiales como el telgopor, que son de difícil tratamiento por su gran volumen y alto poder contaminante.

A partir de este problema, la cooperativa “Reciclando Conciencia” de Pinamar, en la costa atlántica argentina, contactó al arquitecto Carlos Levingston, vecino de la localidad balnearia y director del Centro Experimental de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, donde se estaban desarrollando materiales de construcción a partir de plásticos y otros desechos.

De este modo, investigadores y recicladores crearon un eco-ladrillo que ofrece una doble solución: por un lado evita la contaminación y, por el otro, genera un material para la construcción con buena aislación térmica y más económico que los convencionales.

“Reciclando Conciencia” nació en 2010 a partir de una huelga municipal de cinco meses en la que colapśo el sistema de recolección. “Los vecinos empezamos a separar y reciclar por necesidad, y finalmente vimos que era una salida laboral”, cuenta Carlos Méndez, presidente de la entidad.

“Además de separar los residuos, los valorizamos y creamos productos a partir de ellos. Fabricamos 100 bloques por día y estamos convocando a otras cooperativas para que acopien para nosotros”, señala.

Gracias a la capacitación y reinversión en maquinarias, la cooperativa separa más de 16 tipos de materiales. Además de los eco-ladrillos, produce placas de plástico reciclado, con las que se construyen sillas, mesas, maceteros y cestos de basura. También cuenta con una línea de recuperación de vidrios, metales, residuos tecnológicos y neumáticos, que son enviados a otras cooperativas y empresas para ser valorizados.

“Desde que nació ʻReciclando Concienciaʼ, buscamos tanto la inclusión social como el cuidado ambiental y el desarrollo de las personas”, sostiene Méndez.

El eco-ladrillo es una síntesis de eso: por un lado, resuelve un tema de contaminación y, por otro, genera un producto para construir y ampliar los hogares de sus socios.

Este artículo es parte de la alianza entre ActionLAC, plataforma coordinada por Fundación Avina, y LatinClima, esta última con apoyo de la Cooperación Española (AECID) por medio de su programa ARAUCLIMA, con el fin de incentivar la producción de historias periodísticas sobre acción climática en América Latina. 

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