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OPINION: Ciudades de México le apuestan a los parques para enfrentar el cambio climático

 Edith González Cruz comenta sobre la importancia de las áreas verdes metropolitanas para mitigar el cambio climático, pero tambien para la salud y el bienestar de la población. Se detallan casos de estudios de tres ciudades de Mexico: Ciudad de México, Mérida y Guadalajara.

Las ciudades: grandes islas de concreto y calor

A pesar de que las ciudades ocupan sólo un 3% de la superficie planetaria, sus habitantes son responsables del 80% del consumo de energía y más del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Si consideramos que para el 2030, más del 80% de la población mundial vivirá en alguna ciudad, resulta fundamental voltear a ver qué se está haciendo en estos núcleos poblacionales para contrarrestar los efectos del cambio climático.

Pese a lo que muchos creen, la vida en las ciudades puede resultar muy estresante, cansada y aburrida. Con horarios escolares o de trabajo estrictos, una simple acción como salir a caminar se convierte en un acto de liberación mental y física para el 80% de la población mundial que vive en las urbes. Sin embargo, no es lo mismo caminar por una calle gris, caliente y deslumbrante por el reflejo de la luz en sus edificios, que por una calle arbolada, fresca y llena de colores y texturas donde descansar la mirada.

Las áreas verdes y el arbolado urbano brindan este descanso, no sólo por sus beneficios psicológicos, sino por el papel que juegan en la lucha contra el cambio climático. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés)  señala que los árboles pueden bajar la temperatura del aire en las ciudades entre 2ºC y 8ºC, además de absorber hasta 150 kilogramos de dióxido de carbono (CO₂) al año.

Eso lo han entendido tres ciudades mexicanas que, aunque muy distintas entre sí, han visto en las acciones ‘verdes’ de pequeña y mediana escala –muchas emanadas de iniciativas ciudadanas- efectivas estrategias de transformación local.

Enfriar las ciudades, las generadoras del 80% del dióxido de carbono emitido a la atmósfera, por medio de las áreas verdes, el arbolado urbano, los parques, las jardineras, los camellones y otros reductos verdes, se está convirtiendo en la mejor estrategia para gobiernos subnacionales como los de Ciudad de México (México), Mérida (Yucatán) y Guadalajara (Jalisco).

Del paternalismo verde a la gobernanza coordinada de los árboles

En la Ciudad de México, el nuevo gobierno a cargo de Claudia Sheinbaum, ex secretaria del Medio Ambiente local, ha puesto en marcha el Programa de Infraestructura Verde de la Ciudad de México para la conservación de la biodiversidad y el fortalecimiento de la resiliencia de los ecosistemas, abreviado como PIV. Este programa busca principalmente proteger la biodiversidad local para favorecer la recarga de acuíferos, puesto que la Ciudad de México se ubica como una de las ciudades globales con mayor riesgo de crisis hídrica. En este sentido, los árboles pueden ayudar a enfriar y humedecer el ambiente.

El PIV incluye la recuperación de 16 parques y varios cuerpos de agua, también contempla la plantación de 10 millones de plantas (árboles, arbustos y herbáceas) para el 2020 y la creación -en este 2019- de 525 jardines y corredores de polinización que proveerán alimento, refugio, agua y espacio a los insectos, aves y murciélagos, entre otros animales.

Es coordinado y ejecutado por personal del gobierno citadino por medio de jornadas de reforestación masiva y en los llamados ‘tequios’, jornadas de trabajo comunitario que se realizan de forma voluntaria y tienen su origen en la tradición de muchos pueblos indígenas. Sin embargo, en esta versión ‘gubernamental’’, la participación ciudadana es aún muy baja.

Al respecto, Nancy Fernández, capacitadora de la organización ecologista Ecos. Voces y Acciones A.C., señala que “por experiencia, sabemos que un proyecto que no involucra a la ciudadanía, ni se soporta en una campaña de educación ambiental permanente, nunca tiene buen término. En dos meses, las plantas se mueren o se las roban, son maltratadas indirectamente por el uso del espacio público y se pueden convertir en tiraderos clandestinos de basura. Lamentablemente, los gobiernos apuestan más a cantidad que a calidad y, a la larga, esto se revierte porque no se involucra suficientemente a la sociedad: todo lo hace ʻpapá gobierno’, muy al estilo de la política del siglo pasado, que no le importaba construir ciudadanía”, indica.

 

Desde la década del setenta el porcentaje de área verde por habitante en la ciudad de México se ha movido con una tendencia a la baja debido al crecimiento urbano y a la presión inmobiliaria. Entre el 2003 y 2009 la Ciudad de México perdió 12% (15.39 km) de su superficie verde. Foto: Edith González Cruz

Por su parte, para Silke Cram, del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la medida que se mejore la calidad del suelo, se mejorará la calidad del arbolado. “La ciudad además de tener una alta superficie ‘sellada’ con concreto, tiene una mala calidad de suelo, se construye y luego se rellena con ‘algo’, se barren los parques eliminando la materia orgánica, evitando con ello que se cumpla el ciclo de nutrientes. Se nos olvida que la hojarasca que cae al suelo también presenta procesos biológicos y que este sistema captura carbono, al igual que la copa de los árboles”, explica.

Desde la década del 1970, el porcentaje de área verde por habitante en la Ciudad de México se ha movido con una tendencia a la baja debido al crecimiento urbano y a la presión inmobiliaria. Entre el 2003 y 2009, esta ciudad perdió 12% (15,39 kilómetros) de su superficie verde. Para revertir un poco esta tendencia, en los años recientes se han creado nuevos espacios verdes; tal es el caso del Parque Bicentenario (2010), el Parque La Mexicana, el Ecoducto (2017) y el Parque Imán (2018), construido en lo que fuera una antigua planta de asfalto al sur de la capital. Otros proyectos han sido las jardineras infiltrantes en la alcaldía Miguel Hidalgo (2017), los parques de bolsillo y los huertos comunitarios impulsados durante el periodo 2012-2018.

En los últimos años, la Ciudad de México ha creado nuevos espacios verdes, tal es el caso del Parque Bicentenario (2010) con 56 hectáreas; el Parque La Mexicana con 28 hectáreas (en foto) y el Ecoducto, un parque lineal de 1.6 kilómetros, ambos en el 2017; el Parque Imán (2018) con 10 hectáreas, construido en lo que fuera la planta de asfalto al sur de la capital. Otros proyectos han sido las jardineras infiltrantes en la alcaldía Miguel Hidalgo (2017), los parques de bolsillo y los huertos comunitarios impulsados durante el periodo 2012-2018. Foto: Edith González Cruz

La ciudad blanca se tiñe de verde

Además de ser considerada como una de las ciudades más seguras de América Latina, Mérida -también conocida como la Ciudad Blanca, ya fuera por sus edificaciones a base de la blanca piedra caliza o porque, de acuerdo con fuentes históricas, en la época Colonial en la ciudad sólo vivía  gente de piel blanca-, empezó de manera incipiente a transformar el espacio público de manera participativa e incluyente desde el 2010.

“En aquel entonces un funcionario de gobierno quería instalar siete canchas de fútbol. Le pregunté: ¿y por qué no, mejor, siete canchas y áreas verdes para que toda la población pueda desarrollar otras actividades?, ¿qué tal un parque? Y funcionó”, relata Luis Romhan, fundador de Parques de México A.C. e impulsor del primer Congreso Internacional de Parques Urbanos en el 2018.

Desde entonces, la ciudad -poco a poco- se ha ido transformando del blanco al verde, creando más parques, áreas verdes, reforestando vialidades e impulsando una cultura ecológica. Tanto los gobiernos locales como la población civil, han asimilado que la ciudad debe protegerse de los cada vez más intensos huracanes y sequías prolongadas derivadas del cambio climático.

La ciudad ha sido ejemplo de planeación y continuidad en sus políticas públicas verdes, sólo posible bajo gobiernos del mismo partido. El Partido Acción Nacional ha gobernado la ciudad desde 1990 con un breve periodo de alternancia en 2010- 2012.

Entre los parques nuevos que tiene la ciudad de Mérida están: el Parque Metropolitano Paseo Verde (2014, en la foto), el primer parque lineal en la ciudad y el primero en todo el estado; los parques Ecológico Metropolitano del Sur Yumtsil (2013), parque Lineal Paseo Henequenes (2018) y está pendiente el Gran Parque La Plancha, desde ahora conocido como el mini Central Park yucateco. Foto: Sipse

En el 2016 se creó el Plan Municipal de Infraestructura Verde, el cual consideraba a los árboles como los protagonistas del cambio; ahora en su actualización 2018-2021, destaca al arbolado urbano, la recuperación de especies nativas y los servicios ambientales, que también representan acciones de mitigación y marcan una ruta hacia el 2050 con la plantación de 200.000 árboles en toda la ciudad.

Entre los parques nuevos que tiene la ciudad de Mérida están: el Parque Metropolitano Paseo Verde (2014), el primer parque lineal en la ciudad y el primero en todo el Estado; los parques Ecológico Metropolitano del Sur Yumtsil (2013), parque Lineal Paseo Henequenes (2018) y está pendiente el Gran Parque La Plancha, desde ahora conocido como el mini Central Park yucateco.

“Me encanta llevar a mis hijos al Paseo Verde a que corran y jueguen en libertad. Vivimos en un departamentito y ahí no tienen espacio y, sacarlos de paseo ni pensarlo, con cuatro niños es muy caro. Desde hace dos años los traigo todos los fines de semana y les encanta, se distraen y yo no gasto mucho”, comenta Claudia Pech, vecina de la colonia Juan Pablo II, colindante con el Parque Metropolitano Paseo Verde.

Las 14 áreas verdes a cargo de la Agencia Metropolitana de Bosques Urbanos son los parques: Morelos, Agua Azul, Ávila Camacho, Alcalde, González Gallo, El Deán, Solidaridad, Metropolitano, Montenegro; el bosque Los Colomos, Mirador Independencia, Puerta a la Barranca, barranca de Huentitán y Arboledas Sur. Foto: Edith González Cruz

Bosques urbanos bajo la mirada metropolitana

En el 2017, el entonces presidente municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro – ahora gobernador del estado de Jalisco- presentó un proyecto innovador en materia de gestión y administración de áreas verdes y arbolado urbano: la Red de Bosques Urbanos de Guadalajara, conformada por 11 bosques y parques de la ciudad, con un total de 160 hectáreas de superficie verde.

En aquel entonces, la Red pretendía cambiar el modelo de gestión a fin de recuperar y proteger las áreas verdes de la ciudad como parte del patrimonio público, reconocer su valor ambiental, su papel como espacios generadores de equidad e inclusión, generar economías a escala y caminar hacia la meta de al menos  9m² de área verdes por habitante recomendada por la Organización Mundial de la Salud y en una ciudad con un reconocido déficit de áreas verdes de apenas 2.5 m² por habitante.

Con este modelo en red, por primera vez se tuvieron datos conjuntos sobre la flora urbana, se realizó un inventario forestal, se planificó y mejoró el mantenimiento del arbolado, se mejoraron los servicios brindados y se transparentaron los ingresos.

En continuidad con estos esfuerzos y con el respaldo constitucional sobre la obligatoriedad de crear mecanismos de coordinación metropolitana, apenas en agosto pasado quedó instalada en Guadalajara la Agencia Metropolitana de Bosques Urbanos, un modelo de gobernanza pionero en el país que apuesta a la integralidad municipal para el desarrollo.

“Desde el 2007, se ha trabajado en una consecución de reformas constitucionales y de política pública orientada a la coordinación metropolitana, muchas impulsadas por el ahora gobernador del Estado, Enrique Alfaro. En 2016, la Ley General de Asentamiento Humanos actualizó y clarificó las materias de impacto metropolitano, ahí se menciona que los espacios verdes forman parte de lo que se debe coordinar de manera metropolitana (art. 34)”, indica Mario Silva, director del Instituto Metropolitano de Planeación del Área Metropolitana de Guadalajara (IMEPLAN).

Con esta base legal, se identificaron algunos servicios públicos que podrían ser prestados bajo un esquema de agencia para generar economías de escala y para tener una administración mucho más eficiente; tal es el caso no sólo de las áreas verdes, también de la movilidad y de la gestión de residuos.

La nueva Agencia Metropolitana de Bosques Urbanos está constituida por nueve ayuntamientos que conjuntamente velarán por mejorar las áreas verdes, administrarlas, monitorearlas y vigilarlas para el disfrute de todos. El gobierno estatal, desde abril de 2019, ya integró tres grandes parques que estaban administrados bajo su cargo: el Parque Metropolitano, el Parque Solidaridad y el Parque Montenegro. Asimismo existen al menos dos proyectos de creación de nuevos parques, uno en el Cerro del Cuatro y otro en el Cerro de la Reina.

Por otra parte, Silva indica que la ciudadanía también puede participar proponiendo espacios para transformarlos en parques o áreas verdes. “El IMEPLAN puede identificar algún predio de propiedad municipal para transformarlo en parque, pero los ciudadanos también lo pueden hacer por medio del Consejo Ciudadano de la Agencia, de las Áreas de Atención Ciudadana de los municipios o mediante la organización vecinal y petición directa a sus alcaldes”, señala.

Las 14 áreas verdes a cargo de la Agencia Metropolitana de Bosques Urbanos son los parques: Morelos, Agua Azul, Ávila Camacho, Alcalde, González Gallo, El Deán, Solidaridad, Metropolitano, Montenegro; el bosque Los Colomos, Mirador Independencia, Puerta a la Barranca, barranca de Huentitán y Arboledas Sur.

“Aquí, en Guadalajara, luego de muchos años de presión y trabajo colectivo, la sociedad civil logró que se creara  el paseo ciclista, el sistema de bicicletas públicas BiciRed y que se modificaran las políticas públicas de movilidad en la ciudad. Con este impulso ciudadano surgieron y se fortalecieron otros temas de interés común, como lo fue la protección a parques y bosques urbanos como Colomos y La Primavera. Por ello, la creación de las agencias metropolitanas de movilidad y bosques urbanos se deben, en gran medida, a la participación social”, señaló Cristina Sánchez, ciclista, corredora e integrante del Comité Ciudadano Bosque La Primavera.

Con estos ejemplos, vemos que -poco a poco- México avanza hacia una mejor adaptación de sus ciudades frente al cambio climático, con la naturaleza como aliada y, al igual que el resto de ciudades de América Latina, avanza en sus esfuerzos por integrar una política verde en los sistemas de planificación urbana.

Las ciudades más verdes de América Latina

El Índice de Ciudades Verdes de América Latina (2011) señala que países como Brasil, Colombia y Ecuador destacan en América Latina por sus políticas verdes. La ciudad de Curitibia, en Brasil, es considerada la ciudad más verde de la región con 16 parques, 14 bosques y más de 1.000 espacios verdes públicos; mientras que para Bogotá, en Colombia, a partir del gobierno de Antanas Mockus en 1996, parques, plazas, zonas verdes y similares se consagraron como espacios de interés colectivo y de un alto valor social y ambiental. Finalmente en Quito, Ecuador, el concurso “Mi barrio está vestido de árboles” dio como resultado que, en 2006, la población plantara más de 140.000 árboles, con una tasa de mortalidad muy baja, de menos de la cuarta parte.

La salud de la población urbana podría mejorarse plantando árboles. Por ejemplo, en las ciudades, por cada tres personas se necesita un árbol para respirar un mejor aire y  un mínimo de entre 10 y 15 metros cuadrados (m²) de áreas verdes por habitante, según lo indica la Organización Mundial de la Salud. Mientras que para las ciudades, el tener más árboles significa menos contaminación atmosférica y acústica, menos islas de calor, menos riesgo de crisis hídricas y menor pérdida de  biodiversidad; paralelamente, también brindan mayor resistencia a cambios climatológicos y aumentan la resiliencia. Por todo ello, los árboles urbanos están resultando ser el mejor aliado de los gobiernos para enfriar las ciudades y con ello reducir los impactos del cambio climático.

Este reportaje es parte de la alianza entre ActionLAC, plataforma coordinada por Fundación Avina, y LatinClima, esta última con apoyo de la Cooperación Española (AECID) por medio de su programa ARAUCLIMA, con el fin de incentivar la producción de historias periodísticas sobre acción climática en América Latina.

 

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