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OPINION: Océanos y costas en un clima cambiante: una reflexión a partir del Sur Global

Leandra R. Gonçalves, Investigadora del Instituto Oceanográfico da Universidade de São Paulo, analiza como las poblaciones de la costa de Brasil, como las del mundo, están en peligro de perder su ambiente y medios de vida. 

CDKN ha invitado a especialistas del Sur que den su opinión sobre el Informe especial del IPCC sobre los océanos y la criósfera en un clima cambiante (IEOCC) y respondan a la pregunta: ¿Cuáles son las implicaciones para su región o país y sus opciones de desarrollo? Este artículo es el tercero en esta serie.

Sobre los informes del IPCC

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) ha publicado su último Reporte Especial sobre los Oceános y la Criósfera y el Cambio Climático  y destaca la necesidad de priorizar acciones integradas para abordar los cambios continuos y sin precedentes que están teniendo lugar en el océano y la criosfera, principalmente en países del sur global, como Brasil.

El Reporte, completa la trilogía de estudios encargada al IPCC en 2016, luego del Acuerdo de París. El primer (Global Warming of 1.5 ºC) sobre las primeras consecuencias contempladas de no limitar el calentamiento a 1.5ºC; el segundo (Climate Change and Land) sobre los impactos del uso de la tierra (agricultura, ganadería y bosques); y ahora sobre los océanos y la criosfera.

Los océanos son grandes mitigadores del cambio climático

Según el reporte, sin la existencia de los océanos, el cambio climático en realidad sería mucho peor. Los mares y costas son responsables por absorber el gas carbónico y por equilibrar la temperatura en todo planeta. Los océanos absorben directamente aproximadamente una cuarta parte del CO2 que las actividades humanas descargan a la atmósfera. También absorben la mayor parte del calor generado por el cambio climático y, en los últimos años, han actuado como amortiguador contra un calentamiento aún mayor. Pero mientras nos protegen, los océanos también piden ayuda. 

Los océanos y la criósfera, que son las partes congeladas del mar y las altas montañas, están actuando como esponjas, absorbiendo calor y dióxido de carbono para regular las temperaturas globales durante décadas, pero esto tiene un límite y las consecuencias para la naturaleza y el medio ambiente. Para la sociedad son amplios y severos. El informe fue producido por un grupo de más de 100 científicos de más de 30 países, y se compilaron más de 7,000 artículos e investigaciones para llegar a conclusiones lo suficientemente sólidas como para informar a los tomadores de decisiones.

Entre sus resultados claves menciono especialmente:

  • El océano es más cálido, más ácido y tendrá menos oxígeno.
  • Las olas de calor del océano se están volviendo más comunes, y los eventos extremos como El Niño y La Niña probablemente se vuelvan más frecuentes e intensos.
  • Hay que recordar que los océanos están interconectados. Por lo tanto, el impacto del derretimiento de los casquetes polares, que se ha triplicado en los últimos diez años, también está afectando a otras áreas costeras, y estos cambios se están volviendo cada vez más abruptos y dinámicos.

Las zonas costeras en riesgo: el ejemplo de Brasil

La singularidad de este informe fue destacar los impactos sociales y económicos de la relación clima – océanos. Según el informe del IPCC estos impactos cambiarán la vida de aproximadamente 680 millones de personas que viven en zonas costeras, que corren el mayor riesgo con el aumento del nivel del mar. Y este problema tiende a ser aún más evidente en los países pobres y en desarrollo. Sin duda, en países del Sur Global, como Brasil, van a necesitar promover acciones coordinadas e integradas para entonces proteger sus territorios costeros, garantindo la vida de suas comunidades, principalmente de los menos assistidos.

Brasil es uno de los países del mundo con la zona costera más amplia. Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE, en portugués) el 26,6% de la población brasileña vive en ciudades costeras, lo que equivale a 50,7 millones de habitantes. Parte de esta población se dedica a actividades, directa o indirectamente, relacionadas con el turismo, la producción de petróleo y gas natural, la pesca y los servicios, que se verán afectados negativamente por el aumento del nivel del mar y la reducción drásticamente del calidad de vida.

La costa brasileña tiene aproximadamente 8500 km y abarca muchos ecosistemas como playas de arena, manglares, costas rocosas, estuarios, arrecifes, dunas, entre otros. Esta región ya se enfrenta a impactos de cambio climático, relacionados con períodos de lluvia aumentados que conducen a inundaciones, erosión costera y deslizamientos de tierra, a un ritmo cada vez mayor. Además de sus entornos, recursos naturales y la gran cantidad de servicios ecosistémicos derivados, la zona costera brasileña tiene un papel destacado en la economía nacional, concentrando puertos, industrias y un contingente significativo de población todo lo cual bajo amenaza de aumento del nivel del mar.

A pesar de la urgencia, la adaptación al cambio climático es una agenda no consolidada en Brasil. El informe del IPCC  afirma que la implementación de dicha agenda enfrenta desafíos relacionados con la voluntad política,  el tamaño de la zona costera, el alto grado de vulnerabilidad de muchas ciudades, las desigualdades regionales, la información limitada y la adaptabilidad limitada. Con respecto a la gestión costera,  opino que a la crisis político-ambiental real se sumó a una falta histórica de priorización de los gobiernos y de enfoque de gestión estratégica para la costa brasileña. Esto disminuye, aún más, la capacidad de adaptabilidad de las instituciones y los sistemas de gobernanza al cambio climático.

Opino que  claramente  la responsabilidad de acciones concretas para preservar los recursos del océano recae en los gobiernos. Para esto, identificar las regiones costeras más vulnerables es crucial. En el mar, por ejemplo, es necesario mapear las actividades de pesca y entender qué poblaciones están siendo afectadas. Desde 2008 en Brasil no se realiza un monitoreo continuo de las cargas (stocks) pesqueros, lo que dificulta aún más las estrategias de adaptación. Un país responsable debe comprender estratégicamente cuáles son estos efectos en los recursos de los océanos para actuar con anticipación. El impacto también se sentirá económicamente con el desplazamiento de las ocupaciones costeras o las obras de adaptación al cambio climático. 

Según el informe del  IPCC  en un escenario de emisiones más altas, (que no asume ninguna acción de mitigación climática),  el nivel del mar aumentaría de 0.6m a 1.1 m  hasta 2100. O, en un escenario distinto de “acción de mitigación ambiciosa” el aumento del nivel medio global del mar tendría una variación de 0.29-0.59 cm hasta 2100.  Puede parecer poco para quienes viven a más de 700 m sobre el nivel del mar, pero tiene efectos desastrosos en la población costera, sus propiedades y los responsables de su infraestructura. Además, la también viven en áreas vulnerables a la erosión marina y las mareas climáticas cada vez más destructivas. 

El Brasil ha desmantelado las instituciones que se crearon para la mitigación y adaptación al cambio climático y el gobierno no entiende que el escenario actual debe tomarse en serio.Es más, el actual presidente Jair Bolsonaro, es escéptico sobre el cambio climático.El informe del IPCC  es solo otra prueba, llena de evidencia científica de que se necesita una acción política urgente y seria sobre el cambio climático. 

Desafortunadamente, conectar los impactos del cambio climático con la intensificación de los problemas sociales aún no es una prioridad clara y concreta. Pero además de la pérdida de biodiversidad, los impactos climáticos en las zonas costeras, con el incremento del deshielo de los glaciares, los impactos podrán exacerbar aún más la desigualdad social y la ausencia de justicia ambiental aún más en el Sur Global, donde los problemas sociales ya son demasiados grandes. 

La ciencia es más clara que nunca. Gobiernos y sociedad van necesitar actuar conjuntamente. Si por un lado gobiernos necesitan de acciones de adaptación y mitigación, por el otro, la sociedad debe estar más atenta y preocupada en modificar sus hábitos y en las elecciones de sus líderes, para así garantizar un futuro más sostenible.

 

Sobre la autora:

Leandra R. Gonçalves es Investigador del Proyecto Gobernanza ambiental de la macrometrópolis paulista en vista de la variabilidad climática (MacroAmb – IEE-USP – FAPESP 2015/03804-9)- Instituto Oceanográfico da Universidade de São Paulo –  IO-USP (2018/00462-8). correo electrónico: leandra.goncalves@usp.br. Twitter: @lelegoncalves

Foto de Fernando Martinho/Greenpeace Brasil

CDKN ocasionalmente invita a escritores a compartir sus análisis en nuestra pagina web. Sus opiniones no son necesariamente de CDKN o de las organizaciones aliadas. 

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