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NOTICIA: Una PreCOP no convencional que habló de soluciones

Katiana Murillo, Coordinadora de LatinClima, nos cuenta sobre los hitos principales de la PreCOP  que se llevó a cabo del 8 al 10 de Octubre de 2019 en San José de Costa Rica.

 

 Un sello propio para la Pre COP y la COP

¿Fue buena la idea de Costa Rica y Chile de plantear un proceso no convencional con la PreCOP y la COP? Indudablemente. Cuando fue claro que Brasil, por la posición de Bolsonaro, no tenía la voluntad de seguir adelante con la COP25, la región estaba perdiendo la oportunidad de impulsar y darle sello propio a esta lucha contra lo que ahora ya se reconoce como crisis climática.

Chile y Costa Rica también forman parte de uno de los bloques de negociación, la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe (AILAC), que no por estar integrada por un pequeño grupo de naciones en vías de desarrollo, ha sido capaz de incidir para empujar una mayor ambición climática en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, sino también de impulsar a ese nivel temas como género y derechos humanos.

Entonces la PreCOP, que desde el proceso de la COP16 de Cancún, fue tradicionalmente una reunión técnica informal normalmente organizada por el país anfitrión de la cumbre del año para ver aspectos preparatorios, Costa Rica la convirtió en una reunión abierta no solamente con negociadores, sino con la presencia de múltiples actores. Y, además, poniendo el énfasis hacia la meta de 1.5°C, no menos que eso.

El propósito fue mostrar no solo la gravedad de la crisis climática, sino aquellas soluciones ya en marcha a todo nivel que pueden ayudar a incrementar notablemente la ambición. Y nadie mejor que Costa Rica, recientemente premiada con el máximo galardón ambiental de la ONU por su plan de descarbonización, para inyectarle optimismo al proceso de búsqueda de soluciones; un proceso que se concibe también con la integración de diversos actores que buscan, cada vez más, ser considerados en la toma de decisiones, como los jóvenes y los pueblos indígenas.

El apoyo y la fuerte presencia del Presidente Carlos Alvarado en la PreCOP25, que tuvo lugar en San José del 8 al 10 de octubre, fue notable para dejar claro el mensaje de que el cambio climático no es un tema ambiental sino claramente de desarrollo. 

No es casual, tampoco, que Alvarado, quien aún no llega a los 40 años de edad, haya asumido el cambio climático como uno de los retos más importantes de su generación y que uno de sus principales mensajes en la PreCOP25 fuera que con la implementación del Plan Nacional de Descarbonización (2018-2050), el país percibirá beneficios -sobre todo ahorros- que alcanzan los 19.500 millones de dólares. Y, todo esto, sin necesidad de desarrollar ninguna industria extractiva.

De esa forma, Costa Rica, que siempre ha sido vista como un laboratorio de innovación en diversos temas, sirvió como una llamativa anfitriona de una PreCOP muy poco convencional a la que asistieron 1500 personas, delegados de alrededor de 90 países, más de 25 ministros de gobierno y que albergó 60 paneles de discusión atendidos por 264 especialistas.

 

Temas críticos para América Latina

El país supo sacarle partido al protagonismo que le correspondía a Latinoamérica en el proceso de la COP25, planteando discusiones y mostrando iniciativas en temas que son críticos para la región frente al cambio climático, pero también para su crecimiento y calidad de vida, como el de ciudades (incluyendo energía renovable y transporte sostenible), soluciones basadas en la naturaleza y economía azul (ecosistemas oceánicos).

En una región tan rica en recursos naturales como la nuestra, estos dos últimos temas fueron punta de lanza de muchas de las soluciones y desafíos planteados frente a una realidad latinoamericana donde la deforestación y el cambio de uso del suelo están aún a la orden del día y no se reconocen ni se valoran suficiente los beneficios ambientales de los ecosistemas terrestres y marino-costeros, ni el conocimiento de los pueblos indígenas en el uso sostenible de estos recursos. 

Una gran paradoja es, por ejemplo, el nivel de pobreza que existe en zonas costeras con la presencia de ecosistemas tan productivos como los manglares, que absorben el doble de carbono que los bosques secos, húmedos y muy húmedos y además sirven como barreras frente a eventos extremos como huracanes. Se necesitan mecanismos que les reconozcan a las comunidades locales los beneficios que brindan sus ecosistemas, como se ha logrado en alguna medida con  bosques terrestres, y que fue parte de las discusiones de la PreCOP. 

La PreCOP25 también sirvió de marco para anunciar la integración de cinco países a la Coalición de Alta Ambición por la Naturaleza y los Pueblos, propuesta por el Presidente Alvarado durante la pasada Cumbre del Clima en Nueva York, la cual busca contar con al menos el 30% del planeta bajo algún esquema de protección de tierras y mares al 2030; una iniciativa costarricense que además busca crear mayor sinergia y cooperación entre las convenciones de cambio climático y biodiversidad.

El tema de ciudades tampoco es menor para América Latina tomando en cuenta que la calidad de vida pasa por cómo se desarrollan las urbes en la región y se manejan temas críticos como transporte, energía y disposición de residuos sólidos en una realidad donde aún se sigue invirtiendo más en fósiles que en renovables. 

El considerar el cambio climático como un elemento crítico en la agenda de desarrollo de la región implica asumir que ningún proceso de descarbonización ni de adaptación al cambio climático tendrá éxito si no se trabaja paralelamente en atacar la pobreza y la desigualdad y en mejorar la redistribución de los beneficios de ese desarrollo que se requiere impulsar.

Justicia climática 

Se habló mucho en la PreCOP sobre la importancia de que los derechos humanos estén el corazón de los esfuerzos climáticos. Esto implica garantizar la justicia climática, por lo que también se discutió sobre la urgencia de que entre en vigor el Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe, conocido como Acuerdo de Escazú, el que aún dos de sus principalmente impulsores, precisamente Costa Rica y Chile, no lo han ratificado. 

Queda claro también que ya no estamos para proyectos piloto porque una transformación sin precedentes debe hacerse lo antes posible en todos los sectores de la economía, con una inversión y una política pública clara y robusta, que oriente y de confianza también a los mercados.

La PreCOP avanzó, asimismo, en el diálogo político sobre lo que la COP25 está llamada a resolver, que es terminar de negociar el conjunto de reglas del Acuerdo de París con el Artículo 6, que se refiere a mercados de carbono y otras modalidades, revisar el Mecanismo Internacional de Varsovia para Pérdidas y Daños, que trata los impactos del cambio climático, así como avanzar en un segundo plan de género y cambio climático y en el incremento de la ambición climática con la ciencia como norte.

La COP25 en Santiago es el punto de inflexión para una mayor ambición climática, que debe reflejarse en la próxima ronda de contribuciones nacionalmente determinadas (NDC, por sus siglas en inglés), ya que la ambición actual contenida en los compromisos nacionales ante el Acuerdo de París encamina el mundo hacia un promedio de 3°C más caliente, alejándonos de la meta de 1.5°C.

Así como Costa Rica y Chile, en el 2020 serán Italia y el Reino Unido los continuadores de un proceso climático no convencional que ahora más que nunca está llamado a avanzar en soluciones.

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