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DESTACADO: Árboles, ganado y dinámicas de poder en Colombia


Miren Gutierrez, de CDKN, explora dilemas y oportunidades reales para el desarrollo compatible con el clima en Colombia.

Es probable que, en el escenario post-conflicto en Colombia, nuevos retos llamen la atención de la gente. Enfrentar duros cuestionamientos sobre el desarrollo, al mismo tiempo que se es consecuente con los compromisos climáticos internacionales, será uno de ellos.

En ninguna parte se hacen más claros los dilemas y sinergias que en el sector ganadero colombiano. El uso intensivo de la tierra ha sido el responsable por el 90% de la pérdida de bosques en la región amazónica entre 2005-2010, mayormente en el departamento de Caquetá, de acuerdo a un reporte del Global Canopy Programme (GCP) y el Stockholm Environmental Institute (SEI), publicado con apoyo de CDKN. “La Amazonía es un mosaico de diferentes interacciones ambientales, políticas y socioeconómicas, que conforman una compleja y heterogénea región”, señala un reporte publicado por el Earth System Science Center (CCST) y el Instituto Brasilero para la Investigación del Espacio (INPE).

Colombia está entre los mayores productores de ganado, con alrededor de 23 millones de cabezas de ganado en pasturas, cubriendo un 38% del país. Mientras tanto, la agricultura, deforestación y otros usos del suelo, son la segunda mayor fuente antropogénica de dióxido de carbono, luego de los combustibles fósiles, de acuerdo al reporte del IPCC del 2014. Y en Colombia, la mayoría de emisiones están relacionadas a la agricultura, bosques y otros usos de la tierra, señala Claudia Martínez, representante de CDKN en Colombia, en una entrevista acerca de los principales retos del Acuerdo de París.

De acuerdo a Martínez, “acuerdos con los grandes sectores de agricultura (palma, soya, café, caña de azúcar, cría de ganado) son necesarios y deberían ser hechos de manera programática con indicadores concretos y compromisos financieros”.

“Es cada vez más claro que la producción de ganado o la movilización de ganado a nuevas áreas es una respuesta oportunista por parte de los productores, quienes toman ventaja de tierras limpias o esperan ganar la tenencia de manera informal, “mejorando” la tierra a través del pastoreo”, dice un reporte publicado en 2015 por el Forest Carbon, Markets and Communities Programme. Pero al mismo tiempo, este país tiene quizá uno de los gobiernos más expresivos y comprometidos con la lucha contra el cambio climático en favor de la conservación de la biodiversidad.

El reporte del Forest Carbon, Markets and Communities Programme señala también que la deforestación “va en contra de los objetivos del gobierno para incrementar la productividad y disminuir la cantidad de tierras usadas para la producción de ganado al mismo tiempo que incrementa el número de hectáreas destinadas a la producción agrícola no-ganadera”.

Una serie de políticas nacionales son vistas como oportunidades en la dirección correcta, incluyendo la Estrategia Transversal de Crecimiento Verde del Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018; el compromiso nacional de deforestación neta cero para la Amazonía en 2020 bajo la CMNUCC; compromiso de reducción de emisiones del 30%; y la Estrategia de Desarrollo Bajo en Carbono para la conservación del bioma.

Para abordar estos dilemas y oportunidades, explorar “las maneras en las que el sector privado puede contribuir de cara a lograr los objetivos de seguridad WEF (agua-energía-alimentos)” podría ser clave, según David Sabogal y Helen Bellfield del Global Canopy Programme, en un reciente artículo de CDKN.

El llamado Nexo WEF (agua-enería-alimentos) se está convirtiendo en “un enfoque útil para abordar este reto, a través de la identificación y evaluación de trade-offs de recursos en diferentes sectores. Este enfoque reconoce la interdependencia entre el agua, la energía y los sistemas alimentarios y su dependencia de los recursos naturales”, indican Sabogal y Bellfield. Más aun, este enfoque puede ser útil en desempaquetar las tensiones y sinergias entre las necesidades de desarrollo y los compromisos climáticos y ambientales.

El agua, la energía y la seguridad alimentaria, así como el bienestar del ser humano, son interdependientes, según dichos expertos. Y para Colombia, “este nexo está conectado a los servicios ecosistémicos del bioma Amazónico, el cual representa el 42.4% del total del territorio y el 33% del área hidrográfica del país.

Un estudio de CDKN acerca de la coherencia de usar el enfoque del Nexo WEF en diferentes países de la región amazónica, incluyendo Colombia, indica que, entre otras cosas, las políticas nacionales de desarrollo aun necesitan reconocer y cuantificar la importancia estratégica del bioma amazónico”; la zonificación granular y los planes de uso del suelo podrían facilitar la producción agrícola sostenible, reforestación de los bosques y gestión de recursos; una mayor transparencia de la cadena de suministros, mejor coordinación en la región y plataformas de coordinación existentes más fuertes deberían estar en su lugar; y los compromisos público-privados y acuerdos financieros para enfrentar la deforestación pueden ayudar a “alinear el desarrollo actual con los planes climáticos” y financiar su implementación.

El enfoque del Nexo WEF enmarca los esfuerzos de la Agenda de Seguridad de la Amazonía para generar una exhaustiva agenda de seguridad para la Amazonía que coloque al agua, energía y alimentos, al centro y de una manera interconectada. La iniciativa fue llevada a cabo por CDKN, la Fundación Futuro Latinoamericano (FFLA) y el Global Canopy Programme (GCP).

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