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OPINIÓN: Variabilidad climática y su relación con la salud


Escrito por: Antonieta Rojas de Arias, PhD*
Centro para el Desarrollo de la Investigación Científica (CEDIC) – Paraguay
http://www.cedic.org.py

Ya no existen dudas de que el clima está cambiando y su efecto amenaza la salud de los sistemas naturales. Datos conservadores del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés) señalan que los principales impactos en los países en vías de desarrollo están relacionados con el acceso al agua, la pérdida de glaciares, los aumentos en el nivel del mar, los eventos extremos (tormentas, inundaciones y sequias), la producción agrícola y el hambre, los procesos de desertificación y salinización del suelo, la vulnerabilidad de las poblaciones indígenas, la morbi-mortalidad por enfermedades como la diarrea, las transmitidas por vectores, y la dramática pérdida de la biodiversidad1.

Sin embargo, si bien todos los países sufrirán el impacto, éste no será igual para todas las poblaciones, aquellas más vulnerables a este tipo de eventos son las más pobres, ya que estas comunidades no poseen la capacidad para reaccionar pertinentemente ante eventos adversos y disponen de pocos o nulos ahorros para enfrentar las emergencias. Los principales impactos para las poblaciones pobres ocurren en los bienes y servicios de los ecosistemas de los cuales hacen uso; la calidad de estos servicios y bienes se pierde especialmente en la calidad del agua, el acceso al alimento, a la salud y sobre los sectores ligados a la agricultura2.

En la búsqueda por conocer mejor este fenómeno, las mediciones propuestas  para proyectar los efectos del cambio climático fueron originalmente realizadas en periodos decadales, con proyecciones que presentaban importantes incertidumbres. Este hecho ha generado una serie de cuestionamientos tendientes a exigir acciones que proyecten estrategias de adaptación y mitigación que garanticen la resiliencia de los sistemas naturales y las poblaciones inmersas en ellos.

Esta nueva vertiente centra su atención en el análisis conceptual del cambio climático y variabilidad climática. Las oscilaciones de las variables climatológicas en días, meses o años,  se conocen como variabilidad climática, mientras que los cambios de éstas variables a largo plazo representados en las tendencias se conocen como cambio climático. Actualmente existe un consenso internacional en que los cambios climáticos globales constituyen hoy y en las próximas décadas el problema ambiental de mayor envergadura y con múltiples impactos negativos en diferentes sectores, entre ellos la salud; sin embargo, en otros contextos, la variabilidad climática  no necesariamente generará efectos negativos, las variaciones en los regímenes lluviosos puede favorecer a la agricultura, así como las prolongadas mermas en las altas temperaturas podrían disminuir el impacto de las enfermedades víricas y eventualmente exacerbar las transmitidas por diferentes vectores1. Es entonces esta dinámica de la variabilidad climática sobre la cual centran actualmente la atención los investigadores.

La nueva tendencia consiste en ajustar las proyecciones en base a la variabilidad climática, evento del clima más ligado a los efectos directos e indirectos sobre las poblaciones y el ambiente.  La variabilidad climática lejos de ser gestionada, es más bien el peligro, y puede generar la medición del riesgo, constituyéndose éste último en la combinación del peligro y la vulnerabilidad del sistema3,4.

La salud como vulnerabilidad

En un sistema de vulnerabilidad, la salud  es una de las dimensiones posibles y es actualmente una de las menos estudiadas. Resulta difícil descontextualizar la dimensión salud de otras dimensiones como la social y la ambiental, ya que la salud de las poblaciones dependerá de cómo éstas se adapten a los efectos adversos, considerando que el nivel  de infraestructura y acceso a la salud les permite soportar en mejores condiciones los efectos de exposición al ambiente que los rodea. En síntesis, se consideran causas de la vulnerabilidad, a una mala salud asociada con el cambio climático y la variabilidad del clima, incluyendo las características de los individuos y de la población, además de los factores físicos del ambiente.

Acciones directas de la variabilidad del clima como estrés por calor o  frío extremo pueden causar un aumento en la morbi-mortalidad de las personas. Un estresor ambiental puede elevar la presión de los hipertensos o causar casos de deshidratación o insolación graves que causan la muerte. Una Ola de calor en Europa en el año 2003 mostró entre el periodo comprendido entre el 31 de julio y el 20 de agosto, aumentos en los decesos en exceso, de 6.000 muertes en España, 2.045 en Gran Bretaña, 14.800 en Francia, 4.175 en Italia y 1.316 en Portugal5 con predominio en mujeres. Sin embargo, las capacidades de adaptación varían mucho de un lugar a otro; por ejemplo, en Madrid el aumento de la mortalidad por el disparo de la temperatura se observó a partir de 36ᵒC, mientras que en Lisboa ocurrió a partir de los 34ᵒC6. Los eventos atmosféricos extremos traen como consecuencia también pérdida directa de vidas humanas. Un estudio reciente sobre las tendencias a sufrir ciclones ha mostrado que el riesgo de mortalidad a nivel de los países dependía de tres factores: intensidad de las tormentas, la calidad de la gobernanza, y los niveles de pobreza7.

En las acciones indirectas se puede apreciar mejor el impacto de la variabilidad climática. Así, periodos de sequía pueden causar escasez de agua, dificultad de higiene, contaminación del aire e inseguridad alimentaria, impactando en forma indirecta en la salud de la población al aumentar las infecciones respiratorias agudas, las diarreas, asma, alergias y enfermedades transmitidas por vectores característicos del lugar. Un aumento de las lluvias puede causar inundaciones, contaminación del agua, incremento de potenciales criaderos de mosquitos, propiciando el aumento de diarreas, cólera y enfermedades transmitidas por vectores (malaria, dengue). El aumento de las temperaturas afecta también las personas con enfermedades crónicas como la diabetes y la cardiopatía isquémica, aumentando el riesgo de muerte8.

Las enfermedades transmitidas por vectores han sido las más ampliamente estudiadas y se sabe que un aumento de la temperatura puede acelerar la amplificación de los virus en los mosquitos vectores así como también el acortamiento del ciclo biológico del mismo. Por ejemplo, el dengue tipo 2, con un periodo de incubación extrínseco de 12 días a una temperatura de 30º C, se reduce a sólo 7 días cuando la temperatura se eleva entre 33º C y 34º C, aumentando tres veces la transmisión del virus9.

Existe una interrelación de la biodiversidad animal y las poblaciones humanas, ligada a una serie de factores que involucran aspectos ambientales, socioeconómicos y culturales. Un ejemplo actual es la fiebre amarilla, la cual está expandiendo sus fronteras, los brotes epidémicos ya no ocurren en zonas exclusivamente boscosas, sino en áreas transformadas y bosques remanentes como los observados en la mayoría de los países latinoamericanos con avances de la frontera agrícola10.

Existe por lo tanto una inmediatez cortoplacista que pretende achicar la brecha causada por la incertidumbre y poder abordar con prontitud los impactos causados por la variabilidad climática. Las amplias proyecciones limitan el abordaje adaptativo local que hoy se requiere y más que definición de índices es la dinámica del riesgo lo que marca la pauta en identificar con qué se cuenta para enfrentar el peligro (clima). La identificación de los déficits de adaptación, de las distintas dimensiones que conforman la compleja trama socioeconómica, ambiental y de salud de las poblaciones, son en la actualidad las mediciones más utilizadas, sin desmerecer por supuesto el conocimiento básico de vulnerabilidad local. Este conocimiento básico podría contribuir con evidencias en la generación de políticas públicas en el ámbito sanitario, si existe calidad en el dato y la localización espacial del evento de salud. Sólo con análisis que aborde en forma integral y robusta los eventos se podrá enfrentar la irreversibilidad del impacto del clima sobre los sistemas naturales, donde el ser humano es una pieza fundamental para su sostenibilidad.

Estamos ante una disciplina en experimentación metodológica que utiliza elementos muy dinámicos, por lo que la identificación de variables sensibles (con robustez y espacialidad) a las complejas modificaciones de estos sistemas, se ha convertido en la actualidad en una urgente necesidad para acortar la brecha y lograr procesos de adaptación que garanticen una resiliente salud de los sistemas.

En síntesis, hay que tener presente que ni los eventos climáticos ni las enfermedades transmisibles tienen fronteras, por lo que planes, abordajes y estrategias requieren la generación de información regional. Por otro lado, la capacidad técnico-científica de los países que permite enfrentar el problema del cambio climático global, y en particular los efectos en la salud humana, es aún incipiente y poco integrada a las instituciones nacionales. Por lo tanto, se requiere desencadenar el proceso de transformación de las políticas públicas nacionales e internacionales, incorporando a la salud como componente indispensable de las agendas climáticas, para hacer frente a los impactos, actuales y futuros, de la variabilidad climática y el cambio climático sobre la salud de las poblaciones.

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* Ocasionalmente, CDKN invita a expertos de diferentes partes del mundo a dar su opinión sobre diversos temas. Estas opiniones no representan necesariamente la opinión de CDKN o de las organizaciones miembros de la Alianza.

  1. IPCC Fifth Assessment Synthesis Report. 2014. 116p. https://www.ipcc.ch/home_languages_main_spanish.shtml
  1. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. PARAGUAY CAMBIO CLIMÁTICO: Riesgos, vulnerabilidad y adaptación en el Paraguay, 101pp. 2007.
  2. Landa, R., V. Magaña y C. Neri. 2008. Agua y Clima: elementos para la adaptación al    cambio climático. Semarnat-CCA-UNAM. 133pp. http://www.semarnat.gob.mx/queessemarnat/politica_ambiental/cambioclimatico/Documents/aguaycclimatico/cap%203.pdf
  1. Rojas de Arias, A & Cousiño, A. 2013. Instrumentos Regionales para Adaptación al Cambio Climático en el Sector de Salud. Banco Interamericano de Desarrollo. Productos 1 y 2.
  2. Martínez, F., F. Simón-Soria & G. López-Abente . 2004. Valoración del impacto de la ola de calor del verano de 2003 sobre la mortalidad. Gaceta Sanitaria 18: 250-258.
  3. Díaz Jiménez, Julio; Linares Gil, Cristina  y  García Herrera, Ricardo. 2005. Impacto de las temperaturas extremas en la salud pública: futuras actuaciones. Rev. Esp. Salud Pública [online], vol.79, n.2, pp. 145-157.
  4. Peduzzi, P., B. Chatenoux, H. Dao, A. De Bono, C. Herold, J. Kossin, F. Mouton, and O. Nordbeck. 2012. Global trends in tropical cyclone risk, Nature Clim. Change 2, 289–294.
  5. OPS, 2008. Cambio climático y salud humana: riesgos y respuestas: Resumen actualizado 2008. Washington, DC. OPS.
  6. Ribeiro AF, Gram Marques, JC Voltolini, MLF Condino. Associação entre incidencia de dengue e variáveis climáticas. Rev. Saude Publica 2006. 40(4): 671-6
  7. OPS/OMS 2008. Brote de Fiebre Amarilla en Paraguay. http://www.paho.org/bulletins/index.php?option=com_content&view=article&id=168%3Abrote-fiebre-amarilla-en-paraguay&lang=es
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