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DESTACADO: El desarrollo compatible con el clima se impulsará desde las ciudades


Escrito por: Mathieu Lacoste (CDKN LAC)

La Alianza Clima y Desarrollo – CDKN organizó un evento de networking “Enfrentando el Cambio Climático, la Resiliencia y la Pobreza en las Ciudades: Experiencias de CDKN”, el pasado 10 de abril de 2014, en el marco del Foro Urbano Mundial de ONU-Habitat que se llevó a cabo en Medellín, Colombia. Este evento así como el lanzamiento oficial de la publicación conjunta CDKN – ICLEI “Más cerca de nosotros: estrategias sub-nacionales para un desarrollo compatible con el clima” dieron la oportunidad para generar una reflexión sobre los retos que deben enfrentar las ciudades a la luz de la situación climática actual y futura. Las experiencias y miradas de distintos expertos nacionales e internacionales[1] nutrieron la discusión para ir repensando el desarrollo urbano a futuro en el marco de estrategias sub-nacionales y una planificación territorial que favorezcan un desarrollo compatible con el clima.

A la hora de hablar de desarrollo compatible con el clima, surgen varios interrogantes, en especial sobre cómo implementarlo y hacer que tenga un impacto en la gente, la cúpula empresarial y las instituciones, y de manera general en los territorios. En este sentido, algunas de las preguntas centrales son: ¿dónde y cómo se dará o materializará este concepto?, ¿desde dónde y quienes podrán impulsarlo y hacer que tenga impactos tangibles y visibles?, ¿desde qué escala se debe buscar actuar para alcanzarlo? El lente sub-nacional permite entender que las ciudades jugarán un rol protagónico en lograr un desarrollo compatible con el clima efectivo a futuro.

Las ciudades: actores del desarrollo compatible con el clima

El desarrollo compatible con el clima implica convertir las amenazas climáticas en el motor para repensar el desarrollo, transformar la economía, crear o aprovechar nuevas oportunidades, mejorar la competitividad sectorial y territorial y aliviar la pobreza.

Considerando las dinámicas demográficas, migratorias, sociales, políticas y económicas, lograr un desarrollo compatible con el clima pasará por la capacidad que tengan las ciudades para entender los desafíos que plantea el clima del futuro y sobre todo coordinar esfuerzos entre los actores institucionales, privados y comunidades con el fin de identificar medidas, priorizar e implementar acciones de manera conjunta.

Las ciudades son los principales motores de las economías nacionales. Las principales actividades económicas que generan riqueza, flujos de capital e inversión se concentran en las zonas urbanas, que en algunos casos son plazas financieras. Son también los centros donde se concentran la gran mayoría de las instancias decisorias y gubernamentales. De igual manera, las ciudades están experimentando un crecimiento muy rápido, particularmente en las ciudades intermedias, tanto en número de habitantes como en expansión territorial, incluso en zonas de alto riesgo. Tanto así, que más de la mitad de la población mundial vive en las ciudades y se espera que el 75% de la población mundial sea citadina en 2050. Esta dinámica incrementa la presión sobre los recursos naturales, tiene implicaciones en término de movilidad, contaminación del aire, de seguridad energética y alimenticia, entre otros.

Esas características hacen de las ciudades el actor natural para impulsar un desarrollo compatible con el clima, ya que son y serán a la vez el lugar de expresión de los principales problemas y la fuente de donde surgirán las soluciones innovadoras para convertir la amenaza climática en una oportunidad de desarrollo humano.

El clima actual y futuro reta a las ciudades

Alrededor del mundo muchas ciudades son altamente vulnerables al cambio climático. Las ciudades costeras son grandes víctimas de las variaciones climáticas y del cambio climático, ya que están más sujetas al aumento del nivel del mar, a una erosión costera acelerada y a inundaciones. Las ciudades ubicadas en zonas de montañas y laderas son propensas a deslizamientos y escorrentías. Las proyecciones climáticas revisadas por el IPCC demuestran que el clima del futuro y la frecuencia y recurrencia de eventos climatológicos extremos profundizarán los impactos en los territorios, las instituciones y la gente.

En consecuencia el cambio climático reta la planificación y el desarrollo territorial, la manera de pensar y proyectar el desarrollo a futuro de las urbes y de crear ciudades más resilientes. Además requiere inversiones cada vez más grandes para atender emergencias o anticipar y prepararse para la magnitud de los riesgos e impactos que las amenazan.

Adicionalmente, la escala, la profundidad de los cambios, la mala planificación del crecimiento urbano, el bajo liderazgo y la capacidad limitada de los líderes políticos o de las instituciones, la corrupción así como la creciente inequidad y desigualdad son obstáculos que se deben subsanar para permitir una transición hacia un desarrollo urbano compatible con el clima.

Oportunidades para el desarrollo compatible con el clima en las ciudades

No obstante, las ciudades son unidades jurisdiccionales que presentan características que posibilitan actuar para alcanzar un desarrollo compatible con el clima. En forma general, los actores locales tienen conocimientos del contexto social, económico, político e institucional; tienen memoria de eventos climáticos y de sus impactos; tienen acceso a fuentes de información locales; se facilita la comunicación entre las personas; la relación entre los representantes y sus representados y entre los líderes públicos y privados es más directa; tienen mejor capacidad para movilizar recursos locales de manera rápida, lo cual constituye un bagaje indispensable para identificar los puntos críticos que pueden obstaculizar un desarrollo compatible con el clima y las oportunidades para alcanzarlo.

Estrategias y medidas sub-nacionales para planificar el territorio urbano del futuro

“Hay una necesidad de pensar globalmente y actuar localmente” (Dolly González, Secretaria de Planeación de Cartagena de Indias, Colombia)

En este orden de ideas, empoderar a las ciudades es una oportunidad para que puedan atender mejor las necesidades y los desafíos a nivel local, permitiendo mayor efectividad y conseguir victorias tempranas que sean inspiradoras y replicables.

En este sentido, las ciudades representan una escala idónea para ir integrando los factores de variabilidad climática y cambio climático en los procesos de toma de decisión y de planificación territorial y sectorial. Los instrumentos de planificación territorial existentes son mecanismos que permiten incorporar las variables climáticas para crear una nueva visión y definir acciones que tengan un impacto en el corto, mediano y largo plazo. El éxito de esta incorporación pasará por el entendimiento por parte de los gobernantes y de los líderes empresariales que el tema de cambio climático es ante todo un tema de desarrollo, de competitividad, un factor de agudización de la pobreza y de inestabilidad institucional.

Los estudios de vulnerabilidad climática, tal como el que se hizo en Cartagena de Indias, Colombia, son una piedra angular para tener argumentos de peso que sirvan este propósito. En este caso particular, el hecho de comprobar que la línea de costa de la ciudad iba a avanzar en las zonas portuarias, industriales y turísticas, ha generado cierto nivel de conciencia al respecto, permitiendo crear dinámicas de trabajo para elaborar medidas de adaptación. Estudios de impactos económicos constituyen también una alternativa interesante para mostrar a los sectores de la institucionalidad y del sector privado los costos a futuro de la inacción. Además aportan pruebas claras sobre la necesidad de repensar la planificación territorial y del uso del suelo, reubicando ciertas actividades productivas o asentamientos a la luz del cambio de vocación y aptitud que puedan tener unas zonas urbanas. Invitan a adoptar enfoques preventivos en vez de reactivos integrando una dimensión de largo plazo.

De igual manera, se pueden desarrollar herramientas específicas y adaptadas a las necesidades tales como la medición de la huella de una ciudad que incluye según la metodología CDKN utilizada en Lima, Quito y La Paz, la medición de la huella de carbono e hídrica. Permiten crear una línea base que contribuye al fortalecimiento de la capacidad institucional para priorizar acciones y crear una cultura de la implementación con resultados demostrables, atendiendo el gran reto que consiste en pasar de la planificación a la implementación.

Por otro lado, es estratégico ir creando liderazgo y un poder de vocería en los procesos de planificación para el cambio climático, empoderando a varios actores en los distintos grupos de interés estratégicos. Eso puede pasar por la creación de una narrativa que desarrolle uno o algunos líderes políticos locales, representantes de las comunidades y/o del sector privado. Puede también estructurarse en torno a la instauración de Comités Locales y Multisectoriales de Cambio Climático que creen una agenda de trabajo específica, generen espacios de coordinación y toma de decisión basada en consenso, y logren re-direccionar los flujos de información hacia sus organizaciones respectivas para apalancar estrategias compatibles con el clima.

Otro aspecto fundamental para lograr un desarrollo compatible con el clima en las ciudades es el apalancamiento de recursos para financiar las estrategias y medidas tomadas. Primero, es clave que los actores políticos locales asignen recursos de los presupuestos locales para la gestión del riesgo y el cambio climático, aprovechando sus prerrogativas fiscales. Segundo, es su capacidad de asociar, a través de alianzas público-privadas o en el marco de las estrategias de responsabilidad social o inversión social, a las empresas para financiar medidas específicas. Tercero, cuando haya capacidad técnica, es acudir a mecanismos financieros nacionales tales como el Sistema de Regalías en el caso de Colombia o el Fondo de Adaptación que se creó para atender la emergencia del fenómeno La Niña de 2010-2011 en Colombia; o también a recursos internacionales de cooperación o a préstamos por organismos multilaterales, bancos regionales y/o de segundo nivel. Por último, puede ser también, cuando la legislación lo permite, constituir un fondo local de cambio climático que permita centralizar y canalizar distintas fuentes financieras, a la vez que se desarrolla un cuerpo de técnicos para administrar dichos fondos.

De la misma manera, es clave articular las estrategias sub-nacionales con las dinámicas nacionales e internacionales para crear una coherencia en los territorios, hacer subir lecciones desde los territorios hacia las instancias decisorias del nivel nacional, crear dinámicas para compartir información y divulgar buenas prácticas, orientar los ejercicios de planificación en el orden nacional, y maximizar las oportunidades para apalancar recursos.

Lo urbano del futuro se mira también desde la ruralidad

Hacer posible este corpus de estrategias y medidas para un desarrollo compatible con el clima, está condicionado en gran medida por la manera de mirar y concebir las ciudades y lo urbano. Las ciudades están ubicadas en un territorio que va más allá de sus propios límites jurisdiccionales. Las ciudades dependen de recursos alimenticios y energéticos, entre otros, generados por las zonas rurales. Eso implica que las ciudades y sus actores deban consideran sus zonas de influencia y la conectividad entre los centros urbanos y sus áreas rurales a la hora de planificar un desarrollo compatible con el clima efectivo y de largo plazo. Es de suma importancia que se trabaje de cerca con estrategias integradas donde se entienda la vulnerabilidad climática de los sistemas agrícolas y energéticos, donde los actores de la ruralidad (entendidos como conjunto de actores más allá del solo campesinado) puedan ser partícipes de este esfuerzo y entender los retos y oportunidades asociados al desarrollo compatible con el clima para generar mayor resiliencia en dichos territorios rurales, aliviar la pobreza rural y fortalecer la competitividad de las actividades de las cuales dependen los centros urbanos. Gran parte de la competitividad de las ciudades estará condicionada por la capacidad de articular esos dos niveles.

Conclusión

El Foro Urbano Mundial dio la oportunidad a CDKN de compartir enseñanzas claves en torno al desarrollo urbano del futuro, mostrando que el lente del desarrollo compatible con el clima abre perspectivas para pensar las ciudades del futuro, redimensionando el desarrollo territorial, la competitividad de los sectores y la reducción de la pobreza con una visión de largo plazo y resiliencia. Adicionalmente, permitió a CDKN reafirmar que el enfoque sub-nacional tiene la virtud de posicionar a las ciudades como actores y motor de la transición para lograr un modelo de desarrollo compatible con el clima, donde la mitigación y la adaptación caminen de la mano. Por último, fue el escenario para que CDKN haga un planteamiento diferenciador que consiste en explorar de manera más sistemática la interacción entre las ciudades y su entorno rural, ya que una condición sine qua non para una transición efectiva a un modelo de desarrollo compatible con el clima radica en la capacidad de las ciudades para generar procesos en todas su áreas de influencia y dependencia.


[1] CDKN contó con la presencia de Alison Cambray (CDKN), Dolly González (Secretaria de Planeación de Cartagena), Rodrigo Suarez (Director de Cambio Climático del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible), Roger Savage (Atkins Global), Miguel Rodríguez (Servicios Ambientales SAS), con la moderación de Claudia Martínez (Representante de CDKN para Colombia).

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