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Adaptación al cambio climático en Cartagena: Entrevista a Carmen Lacambra


Con motivo del XV Curso de Manejo Integrado de Zonas Costeras, organizado por el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras – INVEMAR, y llevado a cabo en Cartagena, el pasado 21 de mayo, CDKN Colombia pudo entrevistarse con Carmen Lacambra*, especialista en conservación y manejo integrado de zonas costeras

Escrito por: Por Mathieu Lacoste de CDKN y Adriana Burgos del INVEMAR

¿Qué es la adaptación al cambio climático?

Para mí la adaptación es un proceso continuo de desarrollo sostenible, pero que va más allá del desarrollo sostenible, que asegura que las comunidades y los sistemas sean resilientes a la variabilidad climática y a las consecuencias del cambio climático.

¿Qué opina sobre la vulnerabilidad de Cartagena al cambio climático?

Yo vengo de estudiar a Cartagena desde una perspectiva ambiental, y para mí es vulnerable por estar expuesta a diversos riesgos y amenazas, como el aumento del nivel del mar y las tormentas. Sin embargo, considero que los factores que hacen a Cartagena más vulnerable son la pobreza y la degradación ambiental.

¿Por qué es clave que Cartagena se adapte al cambio climático?

Porque si partimos de que la vulnerabilidad viene en gran parte de la pobreza y de la degradación ambiental, entonces una Cartagena que disminuye su vulnerabilidad actual va a disminuir su pobreza, va a mejorar el medio ambiente en el que vivimos y va a crear una mejor calidad de vida para los cartageneros. Entonces no es solo el tema del cambio climático, son todas las otras variables que vienen en torno al tema de cambio climático. Si entendemos cómo funciona la ciudad ahora y qué la hace vulnerable ahora, podemos disminuir la vulnerabilidad presente y no tendremos que preocuparnos tanto por la vulnerabilidad a futuro.

¿Por qué es tan importante integrar la adaptación en la planificación tanto territorial como sectorial?

Yo lo que pensaría es que lo importante es ver cómo el cambio climático va a afectar a los diferentes sectores y el espacio, y cómo se puede hacer para adaptar integralmente esos sectores y el territorio.

El por qué radica en que si no lo hacemos ahora, más tarde va a ser mucho más costoso. Si uno lo quiere hablar en términos monetarios, haciendo el cálculo de lo que vale adaptarse versus lo que no valdría adaptarse, entonces, la disminución de esos factores que están haciendo vulnerable a Cartagena ahora, están reduciendo la vulnerabilidad y costos a futuro, independientemente de que haya un cambio climático o no.

Si lo miras en términos de los servicios ambientales, en este momento no sabemos cuántos servicios ambientales más vamos a perder si no se hace adaptación, entonces los manglares no van a poder migrar más atrás y ahí no solo se pierde el manglar como tal, sino su barrera de protección y también las pesquerías. Los acuíferos en las ciudades que dependen de acuíferos, la intrusión salina, entre otros, pueden ser mucho más graves. De hecho, han empezado a hacerse estudios que permitan conocer cuál es la influencia de la intrusión salina sobre la salud de los humanos. Luego está el uso del agua y las muchas alternativas que hay alrededor de su uso y reciclaje; por ejemplo, si colectar agua de lluvia es bueno o no, porque entonces se debe saber ¿qué pasa con la lluvia ácida? Por consiguiente, siempre que uno planifica y tiene en cuenta lo que puede pasar y las posibilidades, tienes más herramientas para responder a un evento extremo o a los cambios paulatinos, no te llegan de sorpresa. Eso ya es independiente del costo monetario, es más el costo a nivel de servicios ambientales, a nivel social. Por ejemplo, si hablamos de un desastre natural y que no hay planes de contingencia o un sistema de alerta temprana, pues el número de vidas que se podrían perder es más alto.

¿Cuáles serían los tipos de medidas o principales acciones de adaptación que se podrían tomar en Cartagena?

Hacer una lista de medidas de adaptación es muy fácil, pero determinar cuál es la mejor requiere sentarse con los actores, conocer la ciencia, conocer los procesos que están afectando a la ciudad, cuáles pueden ser las proyecciones, el contexto institucional, el contexto social  y de ahí, sí, tomar una decisión que no nos vaya a llevar a la mal adaptación. Eso es lo que uno tiene que evitar, la mal adaptación y transferir el riesgo a otras zonas.

En su concepto, ¿cuál sería la estrategia a tomar desde las instituciones para que el proceso de adaptación de la ciudad funcione?

Creo que hay muchas estrategias que deberían ir en paralelo: la producción de información para poder crear sistemas de alerta; estudios de monitoreo para poder saber cómo están las cosas. Eso es súper importante. Luego, paralelamente, hay que fortalecer las instituciones y de hecho, una forma de hacerlo – no solo hablo de la Alcaldía, hablo de los centros de investigación, corporaciones autónomas, todas las instituciones – es fortalecerlas a nivel técnico para que tengan gente que sepa qué es hacer un estudio de vulnerabilidad y levantar perfiles topográficos; hay que fortalecerlas técnicamente. Pero también fortalecerlas en el sentido de pertenencia, porque en muchas instituciones ambientales la gente no lo tiene y no se siente motivada laborando allí para desarrollar su mejor trabajo, a veces porque las condiciones no son las adecuadas para generar compromiso con los procesos. Entonces es fortalecimiento técnico, de motivación a nivel de mejores condiciones y mejores sitios de trabajo. Y también en las Juntas de Acción Comunal donde el fortalecimiento que necesitan es  buscar líderes y empoderarlos, jóvenes a quienes les parezca interesante el tema; es trabajar con niños o utilizar a los pensionados que tienen todo un mundo de información, el tiempo, la disposición, el conocimiento y la experiencia  para trabajar con la gente.

Entonces hay muchas formas de fortalecer el proceso. En este sentido, la parte de comunicación es otro tema clave para el fortalecimiento institucional. Es importante tener a los técnicos haciendo el trabajo, pero es de igual importancia tener técnicos en comunicación que se encarguen de transmitir el mensaje a los tomadores de  decisiones, a la comunidad local, a la sociedad civil; también comunicarlo a otros gremios y comunidades científicas. La idea es que el mensaje llegue para que se tomen las decisiones que tengan que tomarse, y que no se dejen de tomar decisiones por falta de información y comunicación.

Desde su punto de vista,  ¿piensa que esa comunicación más que una comunicación de cifras y datos debe ser una comunicación de tipo pedagógico que logre sensibilizar a los sectores más vulnerables?

Yo creo que sí e iría un poco más allá. En mi experiencia en la parte ambiental, las comunidades más pobres que son las que dependen del recurso, no son las que acaban con el recurso. Son los tomadores de decisiones, la parte de la sociedad que ya está desligada de la parte ambiental, quienes deciden acabar con los recursos. Tú encuentras una cancha de tenis donde antes había un manglar; eso no lo hizo un pescador porque él sabe que del manglar depende su sustento, eso lo hizo una persona que no tiene una relación directa con el recurso y por tanto le parece que el manglar solo es un matorral. Entonces yo diría que comunicaciones de pedagogía, sí,  pero a todo nivel, no solo a los más vulnerables. La estrategia que uses tal vez sea diferente pero hay que cambiarles el ‘switch’ a todos.

Hay que motivar a las comunidades también. Cuando uno trabaja con ellas, la experiencia indica que la mejor comunicación pasa por escuchar, aprender y después, proponer, trabajar con ellos y actuar. Muchos de estos planes llegan impuestos, no se construyen con ellos. Escuchar, aprender de ellos y actuar con ellos es un proceso que puede resultar más desgastante pero dará más y mejores resultados.

(*) Carmen Lacambra es bióloga y geógrafa especialista en conservación y manejo integrado de zonas costeras, con un enfoque integral que incluye desarrollo sostenible, gestión del riesgo, cambio climático y ecosistemas. Ha colaborado y trabajado con múltiples organizaciones antes de crear el Grupo Laera, que trabaja con el GCAP en adaptación urbana, asesorando estrategias nacionales de adaptación, medidas de adaptación ecosistémica a medianas empresas, y construyendo capacidad en dichos temas.

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