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OPINIÓN: Integración del aspecto psicosocial en la gestión del riesgo


Escrito por: José Amar Amar, Ph.D.*

La sociedad global se ufana de la capacidad que tienen actualmente la ciencia y la tecnología para abrirnos a un mayor progreso; sin embargo, es lamentable que no exista el mismo entusiasmo por traducir estos avances en un modelo de desarrollo sostenible y sustentable para nuestro planeta.

A pesar de haber sido muy asimilado por los gobiernos de América Latina, el discurso del progreso ha demostrado no ser eficiente para reducir las brechas que existen en el interior de una misma nación, donde los problemas de hambre, desempleo, corrupción y abuso de recursos naturales, en pleno proceso de cambio climático, amenazan la subsistencia humana.

El evidente contraste actual entre el desarrollo científico y la vulnerabilidad de millones de personas a nivel mundial hace necesario plantear la duda de si el modelo de desarrollo es el correcto.

Claro ejemplo de lo anterior es el hecho de que frente a las tragedias producto del cambio climático, la mayor cantidad de afectados pertenecen a las poblaciones más vulnerables, aquellas de menor responsabilidad en los comportamientos predatorios que han generado tales cambios.

Dentro de este discurso, cuando ocurren las tragedias, la mirada de los gobiernos está centrada en la realización de obras de infraestructura y cierta asistencia material de carácter coyuntural. Generalmente, la inversión se reduce a asfalto, varillas y cemento, olvidándose de las personas, de sus pérdidas emocionales y privaciones que le impiden el duelo de lo perdido, de los nuevos miedos que se incorporan en sus vidas y, muchas veces, del trauma psíquico y social producto de la experiencia sufrida.

Hoy se plantea el verdadero desafío de generar conocimiento científico y tecnológico que pueda traducirse en una mejor capacidad de respuesta de las comunidades a esta situación. No se trata solo de mejorar lo material para tener más infraestructura resistente a las amenazas naturales, o diseñar artefactos que nos permitan adaptarnos físicamente al cambio climático; la preocupación debe partir de las capacidades que tienen las personas para afrontar los desafíos que se avecinan, la robustez de las comunidades para reconocer que juntos podemos más que solos.

El conocimiento científico debe procurar la generación de procesos que se transformen en alternativas de superación y desarrollo para las comunidades afectadas por el cambio climático y aquellas más vulnerables a sufrir sus impactos.

Gracias al apoyo de CDKN, estamos desarrollando el proyecto “Creciendo en la adversidad: resiliencia en familias afectadas por la ola invernal en el departamento del Atlántico”, en la Costa Atlántica colombiana, la cual fue víctima de inundaciones que afectaron a más de 25 mil familias, que tuvieron que abandonar sus hogares.

Hemos trabajado con el enfoque de resiliencia, el cual ofrece una nueva perspectiva al permitir abordar la situación de las personas en riesgo partiendo de sus propios recursos, a nivel individual y social. Esto con el objeto de fomentar el desarrollo de tales comunidades bajo la perspectiva de que estas tragedias son una oportunidad para hacer auténticos programas de desarrollo social, que trasciendan la prevención y la gestión de riesgo.

Con este enfoque de resiliencia no solo se busca compensar lo destruido, sino también unir el tema ambiental a la realidad económica, política, social y psicológica de las víctimas, con el fin de producir una transformación estructural para y con las personas.

Una víctima de trauma producto del cambio climático, como el desplazamiento de su hogar, presenta necesidades más allá de lo material. Con estudios como este, que actualmente realizamos con CDKN, buscamos validar un modelo de intervención que concibe a la víctima como persona, de manera integral, y está encaminado a ayudarla a superar el trauma, desde un enfoque psicosocial basado en el trabajo con la comunidad, y potenciar sus actitudes resilientes a fin de reducir su vulnerabilidad frente a nuevos siniestros.

Si los gobiernos desean estar mejor preparados y responder de manera más eficaz a los retos del cambio climático, deben integrar el aspecto psicosocial a sus modelos de gestión del riesgo. El modelo de desarrollo que necesitamos hoy es uno que se aleje de las estadísticas, y se acerque a las personas, especialmente a aquellas más vulnerables.

*Decano, División de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad del Norte. Líder del proyecto “Creciendo en la adversidad: resiliencia en familias afectadas por la ola invernal en el departamento del Atlántico”.
Email: jamar@uninorte.edu.co 

Las opiniones expresadas en este artículo son de responsabilidad exclusiva del autor. CDKN no se solidariza necesariamente con la información y opiniones expresadas en el mismo.

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