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OPINIÓN: ¿Podrá la ‘justicia climática’ ser el llamado a la acción que el mundo necesita?

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Mairi Dupar de CDKN explora cómo los países podrían encontrar muchas motivaciones positivas para tomar iniciativas sobre el clima y ponerse de acuerdo en un audaz tratado internacional. Reportaje de Jorge Villanueva, CDKN LAC, desde Santiago, Chile.

Mientras que los países se van aproximando lentamente a la firma de un acuerdo global sobre el cambio climático en el 2015, su compromiso para la reducción de emisiones aún no es suficiente para detener el peligroso cambio climático. Las advertencias de los científicos sobre la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera y su tasa de crecimiento simplemente no coinciden con una ambición política colectiva para enfrentar el problema.

A pesar que muchos líderes –de manera particular- tienen visión de futuro para las iniciativas sobre el clima, hace falta la “masa crítica”, especialmente entre las naciones con mayores emisiones. Entonces ¿Qué es lo que hace falta para remecer a los líderes y lograr que establezcan compromisos colectivos que sean lo suficientemente ambiciosos?

Una nueva iniciativa busca promover la justicia climática como la gran idea que podría unificar una masa crítica de líderes y ciudadanos para lograr un acuerdo global – y un acuerdo justo. La Fundación Mary Robinson (MRFCJ) y el World Resources Institute (WRI) han unido fuerzas para “movilizar la voluntad política y el pensamiento creativo con el fin de dar forma a un acuerdo climático ambicioso y equitativo en  2015” (ver www.climatejusticedialogue.org).

Ellos están organizando una serie de reuniones con líderes de opinión de todo el mundo – incluyendo a negociadores climáticos y a líderes gubernamentales actuales y anteriores – conectándolos a la gente que está experimentando los efectos del clima y dirigiendo soluciones. Esperan que estos líderes se agrupen en torno a la justicia climática como un fundamento irrefutable para acciones ambiciosas en las conversaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

CDKN es una de muchas organizaciones e individuos que están respaldando el Diálogo Sobre la Justicia Climática. CDKN está auspiciando varias reuniones en los países del Sur emergente, asimismo, en investigaciones sobre lo que ha funcionado y lo que no, para otros acuerdos multilaterales.

¿Por qué necesita el mundo un nuevo discurso?

Hasta ahora, las políticas internacionales para el cambio climático han estado embrolladas en un juego de ‘¿Quién se mueve primero?’ o ‘Yo lo hago si tú lo haces.’ Las iniciativas climáticas están falsamente consideradas como un lastre para el crecimiento económico y la competitividad internacional de los países.

Ahora los términos del debate están cambiando. Los efectos del clima alguna vez parecieron una posibilidad muy lejana, separados de la agenda por la presión cortoplacista para conseguir votos y por las rápidas ganancias económicas a partir del uso de los combustibles fósiles. Hoy, los efectos negativos del cambio climático están ante nosotros. La elevación de los niveles del mar está erosionando costas y arrasando islas pequeñas y bajas. Regiones de todo el mundo están experimentando un mayor número de eventos climáticos extremos – como fuertes precipitaciones, altas temperaturas, tormentas o sequías. Los impactos climáticos afectan de forma más profunda a los ciudadanos más pobres del mundo, puesto que carecen de los recursos para su recuperación después de los golpes producidos por el clima.

Un argumento moral arrollador para el desarrollo de acciones es auxiliar a la gente vulnerable al clima. Sobre todo porque ellos son los que menos han contribuido a generar el cambio climático. ¿Los líderes gubernamentales y empresariales en el mundo, así como sus votantes, adoptarán iniciativas para la justicia climática?

El argumento moral para la acción

El reconocimiento global de los derechos humanos ha crecido rápidamente desde que se adoptara la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. De la Declaración Universal se han derivado unos setenta tratados de los derechos humanos, sirviendo varios para formalizar los derechos de personas desfavorecidas y marginadas. La sensibilidad hacia los derechos, que tuvo una evolución a lo largo de las últimas seis décadas, que inclusive da lugar a relaciones justas entre pueblos y naciones, establece el contexto base para un debate sobre la justicia climática emergente en el escenario mundial.

Vale considerar que la Declaración Universal de Derechos Humanos establece derechos de las personas a la vida y su sustento y a “la realización de los derechos económicos, sociales y culturales indispensables para la [su] dignidad y el libre desarrollo de la [su] personalidad”. Ella establece la responsabilidad de la comunidad internacional en fomentar y cumplir estos derechos.

Los efectos del cambio climático, causados por acciones humanas a niveles históricos sin precedentes de emisiones de gases de efecto invernadero, amenazan con producir la pérdida de la cultura, la tradición, el desarrollo e inclusive la auto-determinación de sociedades enteras. Hoy se está desarrollando una profunda injusticia a gran escala.

No puede haber  ‘libertad para contaminar’ si ella produce un cambio climático de proporciones cataclísmicas, que a su vez elimina las libertades básicas de otros. Esto es especialmente así, en tiempos donde contamos con el conocimiento técnico para separar el desarrollo de la contaminación  climática. El camino justo es que las naciones persigan un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero, para preservar los derechos al desarrollo, a la autodeterminación y a la subsistencia de ellos mismos y de los demás.

El diálogo sobre la justicia climática

A la sombra de la creciente injusticia climática, es lógico que la ex Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, y ex Presidenta de Irlanda, la señora Mary Robinson, tuviera que ser el impulso detrás de una nueva iniciativa para la promoción de la justicia climática, y un resultado ambicioso y equitativo en las conversaciones mundiales sobre el clima. La ex Presidenta Robinson ha convocado a un “diálogo centrado en lo humano” para llevar niveles adecuados de compasión y compromiso a las conversaciones sobre el clima.

El Diálogo sobre la Justicia Climática, lanzado a fines de 2012 por MRFCJ y WRI, busca generar un enfoque del máximo denominador común para enfrentar el cambio climático. Andrew Steer, Presidente del World Resources Institute, lo planteó de esta manera: “la equidad no puede tratarse de compartir el fracaso.”

El Diálogo pone sobre la mesa varios problemas clave:

  • ¿Cómo se pueden definir la equidad y la justicia cuando algunos países son mucho más desarrollados que otros gracias a una revolución industrial alimentada por combustibles fósiles?
  • Si, de ahora en adelante, con el fin de evitar el peligroso cambio climático, la sociedad humana sólo puede permitirse emitir relativamente pocas emisiones de gases de efecto invernadero, ¿cómo puede repartirse de manera justa el resto del “permiso de carbono” (o “presupuesto de carbono”) entre los países?
  • ¿Cómo se puede definir la justicia y la equidad cuando los conocimientos técnicos y financieros necesarios para estimular la revolución de bajo nivel de emisiones de carbono están distribuidos de manera desigual?
  • Dado este desigual campo de juego ¿Cuál es la ruta hacia un resultado justo que conserve y mejore los derechos fundamentales de los pueblos del mundo para su desarrollo?

Los organizadores buscan explorar estas interrogantes a través de reuniones en China, el sur de Asia, los Estados Unidos de Norteamérica, Europa, África y América Latina en la carrera hacia el plazo límite de 2015 para acordar un tratado global para enfrentar el cambio climático.

El Diálogo sobre la Justicia Climática llega a América Latina

El taller que se llevó a cabo en Santiago de Chile, a comienzos de abril, estuvo co-patrocinado por el Gobierno de Chile, Energeia, y la Universidad de Chile. Reunió a negociadores climáticos y líderes de opinión de la Asociación de Estados Independientes de Latinoamérica y el Caribe (AILAC), entre Colombia, Costa Rica, Chile, Perú, Guatemala, y Panamá, además de México y la República Dominicana.

Uno de los temas con más peso en la reunión fue el propio interés de los países Latinoamericanos en adoptar un desarrollo con un bajo nivel de emisiones de carbono y resiliente al clima. Como lo describen Yamide Dagnet de WRI y Tara Shine de MRFCJ en su blog, Reflexiones sobre la Justicia Climática desde Santiago, Chile, los participantes reconocen los múltiples co-beneficios de tomar acciones climáticas firmes en casa – tales como beneficios a la salud y la calidad de vida. Ellos también reconocen el posicionamiento competitivo que podrían alcanzar si adoptasen los caminos bajos en carbono y resilientes al clima, lo más temprano posible, antes que quedarse a la zaga.

Mónica Araya, una negociadora climática de Costa Rica, invocó a un cambio en el pensamiento Latinoamericano acerca del mar, para ver el desarrollo resiliente ante el clima y bajo en niveles de emisiones de carbono como opciones inmensamente empoderantes – no como sacrificios (ver su blog al respecto, Un Nuevo “Porqué” para las iniciativas sobre el clima A new ‘why’ for climate action). Ella encuadra el llamado a la equidad como un llamado a la oportunidad equitativa de adoptar y beneficiarse del desarrollo bajo en emisiones de carbono y resiliente al clima (y ello no depende totalmente de los líderes extranjeros, sino también de una elección nacional).

El taller también exploró cómo se vería en la práctica un acuerdo global equitativo. Los participantes estuvieron de acuerdo en que un acuerdo lo suficientemente ambicioso y equitativo se basarían en los siguientes pilares: grandes recortes de emisiones por parte de los países ricos; mejores mecanismos para la entrega de financiamiento y tecnología para las naciones en desarrollo; y transparencia como el cimiento de la cooperación internacional y la acción mutua.

En resumen, este Diálogo latinoamericano sobre la justicia climática tuvo dos hilos entrelazados. Los líderes están articulando un profundo interés propio de los países en adoptar una transición hacia un desarrollo bajo en carbono y resiliente al clima. También están expresando una profunda convicción en la necesidad de una justicia climática basada en un principio de recortes más profundos por parte de los más grandes emisores del mundo: una reiteración del principio de Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas y sus Respectivas Capacidades (Common But Differentiated Responsibility and Respective Capabilities) que se encuentra en la misma Convención Marco de las Naciones Unidas. Tal vez podemos esperar que estas dos motivaciones muy positivas – una para el bien nacional, otra para el mayor bien común- vayan conformándose mejor en lo que queda del año, impulsando con fuerza un cambio transformacional dentro de la UNFCCC y más allá de ella.

La historia está atestada de ejemplos sobre cómo la opinión pública y política alcanzó los ‘puntos de inflexión’ para definir los temas morales de sus tiempos, desde la esclavitud hasta los derechos de las mujeres, la descolonización, los derechos humanos, proclamando acuerdos hito y postergando su implementación. El Diálogo sobre Justicia Climática representa un esfuerzo para acelerar el punto de inflexión del compromiso y las iniciativas sobre el clima.

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