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NOTICIA: Hacia una mayor resiliencia de los sistemas alimentarios frente al cambio climático

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Un nuevo proyecto busca asegurar que los sistemas alimentarios de América Central puedan hacer frente a las variaciones climáticas. Así lo señala Marius Keller, del Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible (IISD, por sus siglas en inglés).

El cambio climático, debido a su magnitud y complejidad, representa un enorme reto para la seguridad alimentaria. El alcance y temporalidad de los futuros impactos climáticos son inciertos, y los sistemas económico, social y ambiental, que amenazan la seguridad alimentaria, se han globalizado y altamente interconectado. Las comunidades vulnerables, gobiernos, y sociedad necesitan una guía u orientación sobre la mejor manera de asegurar suficiente alimento para los seres humanos en un contexto de cambio climático.

Debido a ello, con el financiamiento y apoyo de CDKN, el Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible (IISD) ha lanzado el proyecto “Resiliencia Climática y Seguridad Alimentaria en Centroamérica (CREFSCA, por sus siglas en inglés)”. En colaboración con socios centroamericanos y globales, el proyecto trata de identificar y entender los factores que influencian el comportamiento de los sistemas alimentarios ante shocks y presiones climáticas. Por ello, esta iniciativa se plantea desarrollar indicadores que permitan a las comunidades y gobiernos monitorear tales factores, y definir acciones y políticas para incrementar la resiliencia.

Mientras que estudios pasados se han enfocado intensamente en los riesgos climáticos que enfrenta la producción agrícola y las correspondientes respuestas por parte de los agricultores, este proyecto se ha propuesto tener una visión más amplia y observar la vulnerabilidad en todas las dimensiones de la seguridad alimentaria. Por ejemplo, la capacidad de las personas para digerir los alimentos puede verse afectada cuando las fuertes lluvias llevan a un incremento de la prevalencia de diarrea. Las comunidades pueden no ser capaces de acceder a alimentos cuando los deslizamientos de tierra cortan las carreteras de acceso o cuando los huracanes destruyen los medios de vida. La combinación e interacción de tales impactos causan una profunda inseguridad alimentaria.

Analizar los sistemas de producción de alimentos en detalle permitirá identificar maneras de incrementar la resiliencia a escalas apropiadas. Por ejemplo, donde los extremos climáticos afecten más la seguridad alimentaria de las mujeres que de los hombres, intervenciones de desarrollo específicas de género pueden ser implementadas. Las comunidades pueden darse cuenta que son demasiado dependientes de un solo tipo de cultivo y diversificar para reducir los riesgos. Los gobiernos pueden priorizar la mejora de almacenes y redes de transporte, o los servicios de salud para mejorar la capacidad de las personas a enfrentar circunstancias adversas.

El proyecto CREFSCA trabajará con 30 comunidades piloto en Guatemala, Honduras y Nicaragua. Analizará la vulnerabilidad de los sistemas alimentarios de los que dependen y desarrollará un conjunto de indicadores relevantes de resiliencia para ayudarlos a incrementar su conciencia y guiarlos en la acción. Este proceso se reflejará en una estrecha relación con los formuladores de políticas, de manera que puedan aportar con políticas apropiadas de soporte. El equipo del proyecto elaborará herramientas de guía que sean utilizadas por las comunidades y el nivel nacional. Esto permitirá a los tomadores de decisión y profesionales del desarrollo aplicar procesos similares en otros lugares.

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