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DESTACADO: Economías verdes con futuros sociales – enfoque en el Caribe

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Escribe Leisa Perch, Especialista en Políticas, PNUD.

El encuentro de Río +20, a llevarse a cabo en el año 2012 es una oportunidad para los tomadores de decisión para revisar veinte años de acción de la “Agenda 21” y lo que se ha logrado entregar de manera efectiva. Hasta aquí, la tabla de puntuación es mixta, ni totalmente positiva ni totalmente negativa. Grandes desafíos quedan por delante.  Mientras un reciente informe  sugiere que los esfuerzos globales por reducir de manera cortante la pobreza extrema para el año 2015 están avanzando, el hambre persiste. El triple efecto de la crisis económica global, es decir,  el debilitamiento del sector de los seguros, la menor demanda de exportaciones y las menguantes remesas, han expuesto de igual manera la fragilidad de las macroeconomías como de las economías familiares. Las limitaciones del espacio fiscal disminuyeron las opciones para mitigar lo peor de la crisis en los hogares. En el 2010  nueve (9) países del Caribe registraron una deuda que excedía en 80 porciento su PIB.

Las emisiones de CO2 alcanzaron un nuevo pico máximo en el año 2010 y según algunos datos estimados, el costo de los desastres globales se cuantifica en más de $100 mil millones, con impactos en las vidas de millones de personas. Tan solo los datos estimados para el 2010 sugieren que más de 40 millones de personas fueron desplazadas por desastres naturales. Por lo tanto, Rio +20 deberá entregar una agenda: (i) enfocada en un  desarrollo centrado en la gente, en base a la Cumbre de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en el 2010; (ii) informada por una revisión crítica de los éxitos y fracasos colectivos; y (iii) anclada en la inclusión e inclusividad dentro de los Estados y entre los Estados.

A medida que la atención se vuelve hacia “caminos más verdes” de crecimiento y desarrollo, en el contexto de la economía verde, se puede especular sobre algunas de las interrogantes que enfrentan los jefes de gobierno, ministros y asesores técnicos: ¿Cómo podrá un proceso de economía verde realmente ubicar a la gente pobre en el centro del crecimiento y desarrollo? ¿Cómo podrá una economía, cada vez más verde, tender un puente sobre la brecha actual entre quienes buscan trabajo y los empleos disponibles? ¿Cómo podrá el sector turístico ser más verde pero mantenerse competitivo? ¿Cuáles caminos estimularán nuevas fuentes de crecimiento y darán oportunidades para pequeños y micro-negocios? Una vez “verde” – ¿cómo continuar verde? ¿Cómo puede una economía cada vez más verde ofrecer verdaderas oportunidades para la clase trabajadora más pobre?

Tampoco no está claro aún cómo el proceso de economía verde aumentará la resiliencia ante la creciente frecuencia e intensidad de los desastres que siguen siendo uno de los mayores desafíos para el crecimiento y desarrollo sostenido en los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (SIDS por sus siglas en inglés) en el mundo y en el Caribe. Los huracanes, tormentas, lluvias torrenciales, tsunamis y terremotos tienen el potencial de borrar años de progreso e inversión, con patrones previstos de variabilidad climática y cambio, potencialmente colocarían a los SIDS del Caribe en un ciclo continuo de “construir, reparar y recuperar”. Se estimó que el impacto del Huracán Iván en Granada, en el año 2004 superó al 200% de su PIB y recientes análisis prevén que los gobiernos del Caribe podrían llegar a gastar hasta el 20% de sus PIB para enfrentar el cambio climático .

Permanentemente han sido los desastres los que han dado forma a la historia de la ‘sustentabilidad del crecimiento’ en la región:
•Al momento de la crisis económica mundial (CEM), Dominica apenas estaba recuperándose del impacto del Huracán Dean en agosto del 2007 que causó daños extensos en la isla, incluyendo infraestructura, y que resultó en pérdidas significativas en el sector agrícola (Junge, 2009a).
•En la parte final de lo más intenso de la crisis económica mundial, algunas economías caribeñas se debilitaron aún más con el Huracán Tomás, particularmente Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas.
•En algunos casos, varios países han enfrentado múltiples eventos en un mismo año y un período de múltiples eventos durante varios años, por ejemplo Antigua y Barbuda (José y Lenny en 1999) y Jamaica (Isidor y Lilí en 2002; Iván y Charley en 2004; Wilma, Emily y Dennis en 2005). Semejante patrón proporciona poco tiempo y alcance para la recuperación económica y/o social.
•A medida que Haití busca recuperarse de los impactos del devastador terremoto del 2010, el proceso de recuperación se ha visto obstaculizado con crisis adicionales: (a) un brote de cólera el cuál se estima ha producido más de 5000 muertes, con miles hospitalizados; y (ii) una tormenta tropical que produjo deslaves, muertes y dificultades adicionales que impiden que las familias sin hogar hagan una transición hacia viviendas permanentes .

Los peligros naturales también impactan potencialmente en la capacidad de los socios comerciales claves para que puedan entregar los bienes y  servicios más cruciales; la región es importadora neta de alimentos. Semejante cascada con efectos multiplicadores agudizan la situación de pobreza regional. Estimada en un 38%, esta es una paradoja para esta región, cuyos países generalmente están en posiciones altas en el desarrollo humano y también en el PIB per cápita.

Fortalecer la política pública y el liderazgo del gobierno (incluyendo un nivel intensificado de inversión) es necesario pero no suficiente para entregar y sostener el crecimiento bajo en carbono y la resiliencia climática. Las principales industrias, turismo y construcción, requerirán un nivel significativo de inversión pública y privada con infraestructura verde (incluyendo nuevas técnicas constructivas) siendo particularmente esencial. Sin embargo, los empleos verdes en la construcción, probablemente no serán para las jefas de hogares pobres, ni aliviarán la alta participación de las mujeres en labores que requieren pocas destrezas y ofrecen pagos exiguos. El desempleo juvenil requiere urgentemente una solución sostenible.

La investigación (Perch, 2011) muestra que una debilidad evidente en la práctica del desarrollo ha sido la falta de integración apropiada de las dimensiones sociales,  particularmente la inequidad y justicia social en las políticas y estrategias del manejo de los recursos naturales . Las estrategias para la economía verde deberán evitar estos fracasos obvios en sus políticas.

No existen respuestas fáciles para estas interrogantes y dilemas. Por eso, los marcos institucionales son tan importantes como la propia economía verde. Sin mecanismos fuertes y eficaces de gobernanza, incluyendo mecanismos formales e informales para negociar entre las necesidades e intereses que compiten entre sí, es posible que buena parte de los esfuerzos “verdes” no puedan sostenerse. Se requieren tanto soluciones mundiales como respuestas y recomendaciones especializadas para abordar las diferenciadas necesidades de los países, incluyendo algunos de los miembros más pequeños y altamente vulnerables de la comunidad de naciones.

Una mayor atención del sistema multilateral, teniendo en cuenta el liderazgo que surge en el Sur para estas variadas necesidades y capacidades es ahora más crucial que nunca. Para los SIDS del Caribe mucho depende de su capacidad de apalancar esa atención lo más efectiva y sosteniblemente posible.

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