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DESTACADO: Cambio climático en Bolivia – avances, vacíos, y brechas


El cambio climático en Bolivia presenta estudios insuficientes y dispersos, necesidad de transferencia tecnológica y diálogo de saberes, fortalecer mecanismos de gestión pública, y establecer una agenda común de información e investigación, son algunas de las conclusiones y recomendaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

La investigación para el cambio climático en Bolivia requiere apoyo de políticas públicas, así como mayor coordinación entre actores involucrados, para avanzar una agenda nacional de cambio climático y seguridad alimentaria, afirma el documento Tras las huellas del cambio climático en Bolivia, presentado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) recientemente.

El tema está escasamente agendado, lo que se refleja en presupuestos insuficientes, indica el documento de 150 páginas. Las investigaciones son embrionarias, y prevalecen grandes vacíos de información básica, tanto meteorológica como hidrológica. También se presenta falta de experiencia en el tema, limitada sistematización, poco intercambio, y falta de aprendizaje colaborativo, en grupos, o en red.

Bolivia necesita ganar experiencia en el uso de modelos climáticos computarizados, para orientar decisiones políticas, señala el PNUD. El uso de estos modelos es incipiente para explorar tendencias de cambio climático, como los efectos de El Niño/La Niña, o la deforestación en la Amazonia. Es prioritario realizar estudios de modelación y simulación que profundicen las causas y efectos de los procesos. Igualmente, es prioritaria la validación a escala local de esos modelos.

Son pocos los estudios acerca de impactos previsibles de cambio climático, que variarán según las regiones, y las diferentes actividades económicas. Estos, llamados estudios de “vulnerabilidad”, se encuentran dispersos. Además, responden al perfil o inquietudes de las instituciones e investigadores, más que a un plan nacional unificado, consensuado con todos los usuarios de la sociedad.

Como existen pocos estudios de “vulnerabilidad”, tampoco se han desarrollado medidas preventivas adecuadas para afrontar los impactos futuros identificados, conocidas como “adaptación al cambio climático”, entre especialistas. Entre las principales necesidades identificadas, están la investigación y transferencia de tecnología para la “adaptación”. También para la disminución de emisiones causantes del cambio climático, llamada “mitigación” por los expertos.

Los conocimientos ancestrales mantienen observaciones climáticas sistemáticas, pero se están perdiendo por la urbanización, migración, y educación formal. Además del clima, las prácticas ancestrales tienen modos propios para asegurar los medios de vida, la producción agrícola, y la alimentación, entre otros. Estas experiencias locales de sostenibilidad, son aisladas y sin apoyo de políticas públicas.

La ciencia puede complementarse con los conocimientos ancestrales. Por otra parte, formas de observación climática basadas en satélites o radar, también pueden complementar las observaciones tradicionales. Es necesario articular estas dos vertientes de conocimiento y experiencia, en diferentes niveles de toma de decisiones. Urge actuar para que formen parte del diálogo de saberes entre entidades científicas y el campo, así como entre las generaciones rurales de niños, jóvenes, y ancianos, propone el estudio del PNUD.

El Mecanismo Nacional de Adaptación al Cambio Climático prioriza cinco áreas: agua, seguridad alimentaria, salud, ecosistemas y asentamientos humanos. Por otra parte, el Plan de Contingencias 2011, del Viceministerio de Defensa Civil (VIDECI) también contempla cinco sectores en gestión del riesgo: agua, salud, educación, seguridad alimentaria, asistencia humanitaria.

Sin embargo, el documento advierte que no se encuentran suficientemente evaluadas las consecuencias del cambio climático en asentamientos informales urbanos, ni la capacidad de respuesta y gobernabilidad, tanto de los municipios como del gobierno central.

El cambio climático puede golpear significativamente la seguridad alimentaria en Bolivia, si no se cuenta con opciones tecnológicas, financieras, y de hábitos de consumo. Las opciones deberían permitir sustituir cultivos por otros más resistentes e implementar riego deficitario, sustentando los cambios en programas de investigación. En resumen, los riesgos climáticos de sectores prioritarios no han sido suficientemente evaluados.

Se definió el marco institucional para la adaptación al cambio climático y la gestión del riesgo de desastres, informa el estudio. Esto evolucionó en el contexto de la Ley de Autonomías y de la Constitución Política del Estado, proporcionando buena base para la coordinación entre diferentes reparticiones del gobierno. Pero la extensión tecnológica agropecuaria y el manejo de microcuencas, son las debilidades más fuertes del Estado boliviano.

Se debe continuar el trabajo iniciado para integrar la gestión del riesgo y la adaptación climática en el Sistema Nacional de Planificación, señala el PNUD. Debe llegar hasta abarcar temas como ordenamiento territorial, asentamientos humanos, e inversión pública. Igualmente, hasta el agua y vivienda segura, la educación formal e informal, así como el seguro agrícola.

La Estrategia Nacional de Información y Comunicación para el Cambio Climático establece la política pública en la materia. Pero es necesario fortalecer sus mecanismos de gestión, para que sea útil desarrollando las capacidades de adaptación de la población general. Hay que mejorar canales de difusión, la socialización, y la sensibilización.
Es necesario establecer una agenda común de información e investigación, para pasar de un conocimiento “fragmentado, individual, disciplinario y lineal” a otro “participativo, que incluya el diálogo de saberes, y sea multidisciplinario”. Además, “que vincule la teoría con la práctica, y generar tanto experiencia como aprendizaje”, recomienda el documento.

Finalmente, los mecanismos de seguros y reaseguros, así como otros mecanismos financieros en diferentes ámbitos de gobierno, pueden ayudar a gestionar el riesgo y las inversiones en prevención. Existen planes nacionales para la expansión del seguro agrícola, pero se requiere más esfuerzos para entender la aplicación de mecanismos financieros a diferentes niveles, concluye el PNUD.

Autor: Alain Muñoz de ECcom

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