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OPINION: Hay que oír a los más vulnerables


 

LONDRES/ISLAMABAD, 6 jun (IPS) – La Agencia Internacional de Energía (AIE) advirtió la semana pasada que las emisiones de dióxido de carbono en 2010 fueron las más altas de la historia. Urge un nuevo tratado contra el cambio climático en cuya elaboración participen los países que más lo padecen.

La AIE señaló que si el mundo quiere que el recalentamiento no supere los dos grados de los registros preindustriales, hay muy poco tiempo para actuar. Durante mucho tiempo, dos grados fue un umbral importante en las mentes de políticos y científicos climáticos. Si se superan, los impactos del cambio climático podrían volverse catastróficos.

En este contexto, tienen más urgencia las conversaciones sobre cambio climático de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que se iniciaron este lunes y continuarán hasta el día 17 en Bonn.

El proceso de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático permite que todos los países jueguen un rol al confrontar el desafío. Pero, como ocurre tan a menudo en las negociaciones internacionales, las voces de los estados más ricos e industrializados amenazan con acallar a las de los países menos adelantados.

Los delegados presentes en Bonn discutirán asuntos de crucial importancia para los países menos adelantados. Las reuniones son un hito fundamental en el camino hacia la próxima Conferencia de las Partes de la Convención, que se celebrará en diciembre en Durban.

Para entonces, los países en desarrollo esperan que se logre un ambicioso tratado mundial, legalmente vinculante, que reemplace al Protocolo de Kyoto (firmado en 1997 y en vigor desde 2005), que expirará el año próximo.

La probabilidad de llegar a un acuerdo de esas características en diciembre está en juego. Para que se alcance un tratado creíble y verdaderamente ambicioso, es vital que ahora se escuchen las voces de los países menos adelantados.

En la mesa de negociaciones de Bonn hay una serie de cuestiones relativas a la mitigación (cómo reducir las emisiones de carbono), la adaptación (cómo afrontar los efectos de un clima más inestable) y el financiamiento (cómo pagar las medidas para hacer frente al cambio climático).

Este último asunto es particularmente penoso para los países menos adelantados. La mayoría de ellos ya experimentan los impactos del cambio climático causado por la actividad humana, desde la elevación del nivel del mar en los pequeños estados insulares como Tuvalu, hasta inundaciones extraordinarias en Bangladesh o extensas sequías en el cuerno de África.

Se requiere un financiamiento generoso para manejar desastres que no causaron esos países, y para colocar a las naciones en caminos de desarrollo más verdes y resilientes.

En Bonn, los miembros del Comité de Transición del Fondo Verde para el Clima se reunirán para evaluar los avances hacia la creación de dicho fondo, uno de los mayores compromisos asumidos en la 16 Conferencia de las Partes (COP 16), que se realizó en diciembre del año pasado en Cancún, México.

Este Fondo debe asistir a los países pobres en su acceso a un desarrollo más compatible con el clima. Para lograrlo se requerirán recursos a corto plazo.

También se espera que de las reuniones de Bonn surja un comité para mejorar la coordinación y la distribución del financiamiento relativo al cambio climático. De lograrse, será un gran avance para volver más efectiva la asistencia de los donantes.

Las partes de las negociaciones debatirán sobre la creación de un Comité de Adaptación que lleve a cabo las evaluaciones de vulnerabilidad y un acuerdo de los países en desarrollo para mejorar el modo en que miden las reducciones de emisiones.

También trabajarán para establecer un Mecanismo Tecnológico que acelere la transferencia de tecnología entre el mundo rico y los países en desarrollo, y deben ingeniárselas para trazar planes de reducción de las emisiones derivadas de la deforestación.

Por varios motivos, los países menos adelantados se arriesgan a quedar al margen de los potenciales beneficios de un acuerdo mundial.

Primero, esos países dependen de coaliciones amplias, como el Grupo de los 77 (G-77, el mayor grupo de países en desarrollo en las Naciones Unidas), para abarcar todos los temas de las conversaciones. Esto significa que un diverso grupo de naciones tienen que hallar un común denominador cuando negocian una política vital. Llegar al consenso puede implicar pasar por alto las necesidades de estados individuales.

Segundo, para tener la oportunidad de que sus voces se oigan, los países menos adelantados tiene que evaluar estudios complejos e informes científicos. En muchas ocasiones, estos estudios se originan en economías industriales u organizaciones de expertos internacionales y otras fuentes de naciones ricas.

A las economías en desarrollo les puede resultar difícil obtener puntos de vista alternativos y más relevantes.

Tercero, como las negociaciones adquieren una dimensión cada vez más jurídica, hay una gran desigualdad en el acceso a recursos legales. Los países menos adelantados deben luchar para movilizar tal pericia a la velocidad necesaria para influenciar y dirigir los procedimientos.

Y, en última instancia, la proliferación de reuniones dificulta a los países menos adelantados mantener la continuidad y la coherencia de sus estrategias de negociación.

El riesgo es que actores cruciales terminen con una participación limitada en las conversaciones. Esos países son los que más sufren el cambio climático, y es improbable que reciban la ayuda que necesitan porque sus posiciones no están articuladas de un modo suficientemente claro.

Las negociaciones multilaterales deben ser más inclusivas, pero son un proceso intrincado. Para tener influencia real, los delegados necesitan habilidades de comunicación potentes, persuasión y otras facultades de relacionamiento interpersonal.

El éxito, entonces, requiere una firme capacidad en todas estas áreas, pero esto es exactamente lo que les falta a muchos de los países menos adelantados. Buscando contrarrestar estas desventajas estructurales, la Climate and Development Knowledge Network (CDKN, o Alianza Clima y Desarrollo) trabajará para ayudar a esas naciones a interpretar el lenguaje y la mecánica de las negociaciones.

Los mejores resultados surgirán de la combinación de este apoyo a corto plazo con la creación de capacidad de quienes toman las decisiones a largo aliento. Esto incluirá esfuerzos en el ámbito nacional. La CDKN apoya a los países para que inviertan suficientes fondos en investigación, exploren opciones políticas y fortalezcan las instituciones del gobierno y de la sociedad civil para que influyan en las negociaciones climáticas.

¿Por qué las naciones industrializadas deberían preocuparse del desempeño de los países menos adelantados en las conversaciones?

Si se acuerda un tratado climático que no responde a las necesidades de las economías en desarrollo, todos saldrán perdiendo. Una capacidad debilitada de los países menos adelantados puede significar un marco internacional que no dé cuenta de los impactos del cambio climático sobre las poblaciones más pobres, con consecuencias importantes para el crecimiento económico mundial, los patrones de migración y el agotamiento de los recursos.

Los países menos adelantados no lograrán de la noche a la mañana el poder negociador de los países del Grupo de los 20 (G-20, naciones industrializadas y emergentes), y tampoco podrán imponer solos y a la fuerza un acuerdo climático significativo este año.

Pero lo correcto es darles el apoyo y el espacio necesarios para que intervengan de modo efectivo en las conversaciones. Esto ampliará las posibilidades de un acuerdo mundial y un marco financiero que protejan a los más vulnerables del planeta, y que ayuden a protegernos a todos.

* Por Sam Bickersteth director ejecutivo de la Climate and Development Knowledge Network (CDKN, o Alianza Clima y Desarrollo) y Ali Tauqeer Sheikh director regional para Asia. CDKN es un proyecto quinquenal para ayudar a quienes toman las decisiones en los países en desarrollo a diseñar y concretar un desarrollo compatible con el clima.

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