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DESTACADO: Amazonía boliviana exportaría tecnología climática precolombina


Tecnología precolombina de adaptación a cambios climáticos, desarrollada en la amazonia boliviana, podría ser exportada a otras regiones del país e, inclusive, a otros continentes. Expertos calculan que permitió alimentar una población 40 veces mayor a la que actualmente tiene la región, debido a que crea nuevos suelos fértiles, multiplicando la producción de alimentos.

Los expertos la denominan “cultura hidráulica de Moxos”, porque se basa en el manejo del agua que, en la estación lluviosa, inunda extensas áreas durante casi la mitad del año en el Beni, departamento nor-oriental de Bolivia. Está basada en el principio de drenar en lluvias, y acopiar para la sequía.

Líneas rectas, que la naturaleza jamás produce, y por lo tanto fueron construidas por humanos, se aprecian durante varios kilómetros, cuando se sobre vuela el Beni. Corresponden a una especie de grandes diques de contención, que unen elevaciones del terreno, llamadas localmente “terraplenes”. El sistema de elevaciones unidas por diques iban atenuando gradualmente las inundaciones, al estar separadas por varios kilómetros.

Dentro de las áreas formadas por esa especie de grandes diques, había otros mucho más pequeños, adonde era conducida el agua atrapada. Estos eran plataformas o camellones elevadas un par de metros, con varias decenas de metros de largo, y también dos metros de ancho. Parte del sistema son más de 200 kilómetros de canales ya mapeados en el Beni, y 700 lagunas, todas cuadrangulares y orientadas exclusivamente hacia el Noreste, algo que no ocurre en la naturaleza.

Los terraplenes pequeños, ubicados paralelamente en varias líneas, eran el área de producción de alimentos de origen animal y vegetal. En el Beni, suma un millón de hectáreas la superficie de todos los terraplenes existentes. En el agua que los circundaba se criaban peces, pero, al mismo tiempo, el agua de los canales mantenía húmedos los “terraplenes”, facilitando su aptitud para la agricultura.

La información pertenece a la fundación Kenneth Lee, creada por los seguidores benianos del científico norteamericano del mismo nombre. Este se estableció en el Beni hace varias décadas atrás, adoptándola como tierra adoptiva. Keneth Lee fue el primero en formular la hipótesis de la existencia de una “cultura hidráulica”, y contactarse con universidades internacionales, motivando las primeras investigaciones arqueológicas.

Aún dentro de esa fundación, actualmente existen opiniones divergentes acerca de cómo se trabajaron los camellones en el pasado. Fuera de ella, las divergencias son mayores, entre diferentes líneas de investigación arqueológica. En realidad, hay mucha polémica y controversia, entre interpretaciones de diversas escuelas académicas. Para dilucidarla, la fundación junto la ONG Amazonía Sostenible, también fundada por Kenneth Lee, impulsan actividades arqueológicas.

Pero por ahora, la fundación prefirió reconstruir el sistema productivo de los camellones, implementando el modelo desarrollado por Oscar Saavedra, discípulo y amigo directo de Keneth Lee, que lleva 10 años de experimentación en camellones, la más prolongada del mundo.

Inspirado en los antiguos, Saavedra los innovó tecnológicamente, y desarrolló un modelo de camellones modernos, a los que denominó “Biotecnología Hidroagrícola Sustentable”. Actualmente se utiliza en la ciudad de Trinidad, para el desarrollo sustentable moderno. Los rendimientos productivos son mucho mayores que la actual agropecuaria, y están respaldados con pruebas experimentales, lo que le permitió reunir estadísticas en diversos cultivos.

Así por ejemplo, una hectárea del sistema de camellones modernos produce 120 toneladas de yuca, cuando el promedio es de 9. Puede sostener 25 cabezas de ganado, cuando el promedio es varias hectáreas para una cabeza de ganado. Además, el sistema produce 400 kilos de peces por hectárea “construyendo hábitat”, es decir sin alimentación adicional a la que produce el mismo sistema.

A partir sus estadísticas de rendimiento y otros datos, Saavedra calculó que se pudo abastecer una población de 20 millones de habitantes en un área que, con el sistema actual, sostiene sólo 500 mil habitantes, una población 40 veces menor.

El sistema trabaja a favor de los flujos y ciclos de la naturaleza, enriqueciendo cada vez más los suelos, al contrario de la agricultura actual, que los empobrece cada vez más. La tecnología desarrollada por Saavedra se pone en sincronía con el sol y otros procesos naturales, llegando a generar flora y fauna minúscula.

La actividad de las mismas, de alguna manera “fertiliza” el pequeño sistema biológico, produciendo las condiciones para la aparición de más y mayores especies de flora y fauna. Llega un momento en que se reconstituye todo un ecosistema, que incluye tierras cultivables, con altos rendimientos, como los mencionados anteriormente.

Es capaz de generar tierra fértil a partir de la que está completamente infértil, donde antes ya no se producía ni ladrillos. Recientemente, la fundación Keneth Lee firmó un convenio con el gobierno municipal de la ciudad de Trinidad, capital de Beni, para implementar camellones en antiguas “tejerías”. Estas son tierras completamente arcillosas, utilizadas por fábricas artesanales de ladrillos. Tienen grandes excavaciones por la extracción de arcilla para fabricarlos.

Es un proyecto del tipo “todos ganan”, el favorito de la cooperación internacional. Las familias participantes reciben un salario durante todo el tiempo que dura la construcción y preparación de los camellones, al igual que durante el período de “auto-fertilización”. Posteriormente, esas familias obtendrán ingresos económicos por la comercialización de los excedentes de su producción. Por el alto rendimiento, ésta superan abundantemente las necesidades el auto-consumo que, además, será de mejor calidad, más diverso, y nutritivo.

Por su parte, el Gobierno Municipal está generando empleo, e incrementando la producción agropecuaria, dirigiéndose hacia la seguridad alimentaria. Adicionalmente, está reduciendo su vulneribilidad al cambio climático, previniendo inundaciones y sequías cada vez más agudas y frecuentes. Prácticamente “todo en uno”, mejorando la eficiencia de la gestión pública, lo que seguramente tendrá su respectivo acaudalamiento y rédito político.

También la fundación Keneth Lee logra la aspiración de todo organismo no gubernamental comprometido. Su hallazgo no se quedará en “proyecto piloto exitoso” alabado, pero reducido a pequeña escala, sin mayor incidencia social, económica, ni política. Por el contrario, genera “políticas públicas”, en una escala mayor de replicación y multiplicación, cumpliendo sus objetivos institucionales de aporte a la sociedad. Finalmente, los financiadores también logran sus metas: alcanzar el mayor impacto social, ambiental, económico, con el monto invertido.

El proyecto de recuperación de la Bahía de Cohana, en el Lago Titicaca, solicitó a Saavedra que diseñe un sistema adaptado a las características y condiciones de los ecosistemas andinos, siguiendo los mismos principios aplicados en la amazonia boliviana. Por otra parte, uno de sus principales financiadores, una agencia de cooperación inglesa, está tan satisfecha con los resultados, que está considerando llevarlos al África o al Sur de Asia, en Bangadlesh.

Alain Muñoz /ECOcom
Comunicación para el Desarrollo Sostenible

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